Ancianos pidiendo limosnas en las calles y pensiones miserables que no dan para alimentarse.

Muchos de los que entregaron sus mejores años e ideas, hoy contemplan decepcionados la miseria y el abandono que los rodea. / 14ymedio
Cortesía.14ymedio
La Habana/Con el pelo encanecido, la ropa deteriorada y la mirada perdida, un hombre descansaba este miércoles en un muro de la avenida Carlos III, fundido con el paisaje de deterioro que lo rodeaba. Otra anciana, en silla de ruedas, sostenía un cartel en sus manos que decía: “Ayuda para alimentarme”. En la misma acera, un mensajero octogenario avanzaba lento, con su bastón, para repartir las compras que otros le habían encargado. Estas son algunas de las imágenes de este 1 de octubre en Cuba, declarado por la ONU como Día Internacional de las Personas de Edad.
En un país donde la pirámide poblacional se invierte aceleradamente, los jubilados sobreviven con pensiones que apenas cubren el costo de una barra de pan y una libra de arroz. Muchos de los que entregaron sus mejores años e ideas a la promesa de “justicia social” y “dignidad” hoy contemplan decepcionados la miseria y el abandono que los rodea.
Una de las historias que mejor ilustra esta contradicción es la del alto precio del antianémico Trofin en las farmacias internacionales de La Habana, mientras su creador, el doctor Raúl González Hernández, vende café en la calle para subsistir.+ç
La denuncia, realizada hace unos meses por su hija Elizabeth, puso en evidencia la realidad de muchos profesionales retirados. A sus 80 años, el investigador que encabezó el desarrollo de un medicamento registrado y aplicado durante décadas, y que figura en los catálogos de exportación de la biotecnología cubana, es un vendedor ambulante para complementar su exiguo retiro.
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