Por: Manuel C. Díaz
Las campañas propagandísticas siempre han sido para el gobierno cubano una de las herramientas más utilizadas de su extenso pañol ideológico. Una de las primeras, justo en el mismo año 1959, fue la llamada “Operación Verdad”, diseñada para contrarrestar la indignación internacional provocada por los juicios sumarísimos y los centenares de ejecuciones que se llevaban a cabo en toda la isla.
Le siguieron otras, como la “Campaña de Alfabetización” de 1961, concebida para proyectar -en contraste con el baño de sangre de los fusilamientos- el compromiso del gobierno con la educación y el desarrollo social.
Lo cierto es que nunca dejaron de hacerlo. Cuando no era una para denunciar “el criminal bloqueo”, era otra para garantizar que se lograra uno de los más descabellados proyectos personales de Fidel Castro: “La zafra de los diez millones”.
Y todavía hoy, sesenta y siete años después, cuando el pueblo pasa hambre y el país está a punto de colapsar, siguen haciendo. Esta de ahora se llama “Mi firma por la patria” y responde a una convocatoria lanzada por el Primer Secretario del Comité Central del Partido y Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel, para que los cubanos ratifiquen su posición contra la guerra y su decisión de defender la patria con las armas en la mano.
Los primeros en firmar la convocatoria fueron los pobres trabajadores del Granma que lo hicieron bajo la mirada atenta de Enrique Villuendas, funcionario del Departamento Ideológico del Comité Central del Partido, quien presidió el acto. Y me pregunto: ¿será esta la última?
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