
Informe técnico sobre la ración alimentaria y la desnutrición en las prisiones de Cuba, sus consecuencias nutricionales y sanitarias, y las vulneraciones del derecho internacional derivadas de esta práctica
Cortesía. Prisoners Defenders publica
Preámbulo de este estudio
Prisoners Defenders publica este estudio tras exponer, semanas antes, el caso de Alexander Díaz Rodríguez, manifestante del 11J condenado a cinco años de prisión, cuya situación refleja con especial crudeza el daño acumulativo que pueden producir la desnutrición, la insalubridad y la falta de atención médica en las prisiones de Cuba. Recluido en la prisión Kilo 5 y medio, en Pinar del Río, Díaz Rodríguez salió de prisión el 12 de abril de 2026 con un deterioro físico extremo. Durante su encarcelamiento fue diagnosticado con cáncer de garganta en fase avanzada, anemia, desnutrición extrema y hepatitis B, entre otras afecciones graves, siéndole negada una atención médica oportuna.
Su caso alcanzó amplia repercusión pública tras difundirse imágenes de su excarcelación, en las que resultaba evidente el contraste entre su estado físico anterior al encarcelamiento y el que presentaba al salir de prisión. Prisoners Defenders toma este caso como ejemplo no para establecer, sin una valoración clínica individual, una causalidad médica definitiva sobre el origen de su cáncer, sino para documentar un patrón más amplio: el impacto de las condiciones alimentarias, sanitarias y médicas deficientes sobre la salud y la vida de las personas privadas de libertad por motivos políticos en Cuba, todos ellos sometidos a desnutrición en las prisiones.

Este informe nace precisamente con ese objetivo: analizar, con método y evidencia, cómo unas condiciones carcelarias degradantes en materia de alimentación en las prisiones en Cuba pueden destruir el físico de personas previamente sanas mediante la desnutrición severa y/o agravar enfermedades existentes, multiplicando el daño causado por la reclusión política y de conciencia.
1. Objeto y alcance del informe
Prisoners Defenders recibió una gran cantidad de fotografías y testimonios directos relativos a la alimentación servida a presos políticos en diversas prisiones en Cuba. Las imágenes incorporadas en este documento son meros ejemplos representativos. Sin embargo, las otras fotografías de las raciones de comida llegadas a nuestro equipo son coincidentes, tanto en apariencia como en las proporciones de éstas.
A partir de ese material empírico directo, hemos elaborado el presente informe con un doble objetivo: primero, estimar de manera prudente el aporte calórico y de nutrientes de la dieta descrita; y segundo, valorar técnica y jurídicamente las consecuencias previsibles de mantener esa ración, de forma exclusiva y reiterada, durante un período prolongado, junto con la exposición constante a infestaciones de chinches (presentes en todas las prisiones en Cuba) y la ausencia de atención médica adecuada.
Cuando utilizamos estándares internacionales de energía, macronutrientes, micronutrientes, derecho a la alimentación, derecho a la salud y condiciones mínimas de detención, lo hacemos exclusivamente a partir de fuentes públicas y verificables citadas. Las apreciaciones empíricas sobre la ración concreta y sobre las condiciones materiales observadas proceden de fuentes primarias directas, de primera mano: los testimonios y archivo fotográfico recibido por Prisoners Defenders de los propios presos y sus familiares.
2. Fuentes, material empírico y parámetros de estimación
Sobre esa base primaria de dicho material gráfico, y con fines de estimación conservadora, hemos fijado los siguientes parámetros de trabajo:
- Desayuno: una pieza de pan blando cuya masa estimamos visualmente en un rango aproximado de 45 a 60 gramos, a partir de la escala proporcionada por la mano de un hombre adulto visible en la fotografía, y un cuenco pequeño de té aguado, con aporte energético prácticamente nulo pues según las víctimas no contiene azúcar en una proporción relevante.[1]
- Almuerzo y comida de la tarde: según los datos directos recibidos y consistentes con la fotografía que usamos de ejemplo, cada servicio contiene menos de 30 gramos de arroz cocido, aproximadamente 50 gramos de sopa descrita como “ácida” por las víctimas y unos 20 gramos de una preparación denominada por los presos “croqueta hervida”, de consistencia semilíquida o pastosa. Esa misma ración se suministra aproximadamente las 11:00 de la mañana, y de nuevo a las 3 de la tarde, en el mejor de los casos, tomando esta periodicidad como base para el estudio.
- Para traducir esas cantidades a energía y nutrientes, hemos utilizado tablas públicas de composición de nutrientes en los alimentos como referencia metodológica para pan blanco, arroz blanco cocido y té sin azúcar, y hemos asignado rangos prudentes —no expansivos— a la sopa y a la “croqueta hervida”, precisamente porque estas dos últimas preparaciones no cuentan con una composición analítica directa comparable. En consecuencia, nuestras cifras deben interpretarse como estimaciones medias conservadoras. Si la harina no estuviera fortificada, o si la “croqueta” tuviera menor densidad nutritiva que la asumida, el déficit nutricional real sería aún mayor que el que presentamos.
- A efectos comparativos, hemos contrastado los resultados con los requerimientos energéticos estimados para un varón adulto sedentario —tomando como referencia un hombre de alrededor de 30 años, 175 cm de estatura y 70 kg de peso, cuyo requerimiento estimado ronda las 2.553 kcal/día— y, adicionalmente, con el umbral humanitario de planificación de 2.100 kcal/persona/día empleado en contextos de emergencia.[2]
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