El brote ha golpeado al país en medio de una profunda crisis económica, con una capacidad muy reducida para afrontar las enfermedades.

El municipio de Perico, en Matanzas, fue el primer foco de un brote que ya representa un problema “nacional” con “índices elevados”. / Girón
Cortesía. 14ymedio
Perico (Matanzas)/Es difícil, por no decir prácticamente imposible, encontrar a un vecino de Perico (60.000 habitantes, 170 kilómetros al sureste de La Habana) que no conozca a alguien que haya padecido chikungunya recientemente. “En mi cuadra casi todos lo han tenido”, suele ser la respuesta cuando sus habitantes hablan del “virus ese”.
En julio, este municipio de la provincia occidental de Matanzas fue el primer foco en Cuba de un brote que ya representa un problema “nacional” con “índices elevados”, según reconocieron las autoridades sanitarias esta semana. A simple vista, las estrechas calles de Perico, con sus casas adosadas, dan una imagen de normalidad. Hasta que florecen los pequeños detalles: como el cojeo de las personas o la dificultad de otras para hacer tareas sencillas como sentarse.
Pedro Arturo Revilla, de 66 años, es uno de ellos. Él pasó la enfermedad, así como “toda su familia”, relata a EFE. Aún sufre de las secuelas semanas después, como los intensos dolores en las articulaciones e inflamación en los tobillos.
Al lado de su portal, una mujer diabética e hipertensa de 67 años interrumpe la entrevista cuando se entera de que su vecino habla del chikungunya. “Aquí no hay fumigación ninguna, que era para que hubiese habido, con la cantidad de mosquitos que hubo aquí y con la cantidad de enfermos que hubo. Aquí no hacen nada», asegura.
El chikungunya –que desde hacía una década no tenía presencia en la isla– se ha sumado al dengue y al oropouche, transmitidos los primeros por el mosquito aedes aegypti y el tercero por el jején, en un cóctel perfecto.
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