agosto 5 – Redacción de Trinchera

Foto de Archivo
Y lo primero que nos viene a la mente es el libro «Yo viví la Bomba Atómica» del misionero jesuita -casi santo- Pedro Arrupe. Un testimonio de humanidad solidaria y del horror que borró a 140 mil japoneses inocentes de su existencia cotidiana. La narración de Arrupe revela un seminario católíco en Hiroshima que decide suspender sus estudios y convertirse en un hospital de campaña.
Más de 50 mil personas de 120 países y regiones participaron en la Conmemoración por la Paz en Hiroshima, la misma ciudad japonesa que recibió el impacto mortal de la bomba.
En el Parque Memorial de la Paz se guardó un minuto de silencio a las 8:15 hora local, la hora exacta en la que explotó la bomba ‘Little Boy’ lanzada por el bombardero Enola Gay, causando la muerte instantánea de unas 70.000 personas, cifra que se duplicaría en los meses subsiguientes de 1945.
El primer ministro de Japón, Shigeru Ishiba, afirmó este miércoles que Tokio debe «liderar los esfuerzos globales» para lograr un mundo sin armas nucleares, durante su discurso en la ceremonia: «Esa es la misión de Japón como único país que ha sufrido la bomba atómica en la guerra».
El mandatario también rechazó la posibilidad de que el país comparta armas nucleares de Estados Unidos, y reafirmó la voluntad del Ejecutivo nipón de respetar esos principios.
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