Romper el ciclo del miedo traerá la libertad a Cuba

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marzo 01, 2026 – por Rafael Bordao

A lo largo del siglo XX y lo que va del XXI, las dictaduras han demostrado una constante: ninguna ha cedido el poder por súplicas, exhortaciones morales o llamados al diálogo. Desde la España franquista hasta la Rumanía de Ceaușescu, desde el Chile de Pinochet hasta las juntas militares del Cono Sur, la estructura autoritaria solo retrocede cuando la sociedad logra articular una presión sostenida -política, social, económica, cultural- capaz de quebrar el monopolio del miedo. Cuba no ha sido la excepción. El régimen, consolidado en plena Guerra Fría, aprendió a sobrevivir en un ecosistema internacional polarizado, convirtiendo su resistencia geopolítica en un relato épico que le permitió justificar décadas de represión interna.

Pedirle que cambie o que se retire voluntariamente es desconocer la lógica histórica de los sistemas que se sostienen sobre la impunidad.El complejo de superioridad que la dirigencia cubana ha cultivado durante décadas (basado en haber sobrevivido a más de diez administraciones estadounidenses y en su red de alianzas con partidos afines en América Latina, África y Europa) forma parte de una estrategia histórica bien estudiada: presentarse como bastión de resistencia ante un enemigo externo para ocultar la erosión interna.

Esa narrativa, heredera de la retórica antiimperialista de los años sesenta, sigue siendo utilizada para buscar solidaridad internacional y desviar la atención de los crímenes que pesan sobre el régimen: la represión sistemática, el uso del hambre como mecanismo de control, la arbitrariedad legal y la violación estructural de los derechos humanos. Incluso episodios como el de hoy 25 de febrero 2026, con el ametrallamiento de una lancha con matrícula de Florida, donde murieron cuatro personas y seis heridos que estaban en la lancha de la Florida, encajan en un patrón histórico de provocaciones calculadas, que buscan generar titulares y reactivar simpatías externas. Aunque los hechos fueron dados a conocer por la dictadura en televisión nacional, ninguna noticia independiente nos ha llegado desde la isla. Cuba tergiversa -a su conveniencia- todas las noticias que emiten o reciben, es un gobierno en el que no se puede confiar, sin investigar a fondo los hechos, y esa pulsión enfermisa ha caracterizado su estructura de poder desde su aparición en el escenario del mundo.

Pero la historia también enseña que, cuando un sistema llega a este punto de desgaste moral y material, su caída deja de depender de la voluntad del poder y pasa a depender de la capacidad de la sociedad, para romper el ciclo de miedo que lo sostiene.


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