LA IMPORTANCIA DEL 11J

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JULIO 10, 2026 – por RAFAEL BORDAO

Protestas en Cuba. 11 de julio 2021. Frente al Capitolio en La Habana

Protestas en Cuba. 11 de julio 2021. Frente al Capitolio en La Habana

                                                                                            Mañana, 11 de julio, se cumplen cinco años de aquel estallido cívico que marcó un antes y un después en la historia reciente de Cuba. Cinco años desde que miles de ciudadanos, agotados por décadas de miseria, silencio forzado y humillación cotidiana, salieron a las calles para gritar lo que el régimen llevaba generaciones intentando sofocar: libertad, fin del comunismo, basta ya. Fue la protesta más multitudinaria contra la dictadura desde 1959, y también una de las más brutalmente reprimidas.

El saldo es conocido y está documentado por organizaciones internacionales: miles de detenidos, juicios sumarios, condenas desproporcionadas, familias fracturadas, jóvenes enviados a prisión por el simple acto de exigir derechos básicos. Entre ellos, el caso emblemático de Luis Manuel Otero Alcántara, artista contestatario, fundador del Movimiento San Isidro, símbolo de resistencia cultural y política. Su condena de cinco años fue un mensaje de terror dirigido a toda la sociedad: “esto les pasará a quienes se atrevan a desafiar al poder”.

Hoy, cuando por fin cumplió esa condena, la dictadura ha vuelto a mostrar su verdadero rostro. Luis Manuel fue secuestrado inmediatamente después de su excarcelación, desaparecido por la Seguridad del Estado, sin información oficial sobre su paradero. Organizaciones de derechos humanos, grupos de la disidencia interna, líderes del exilio y varios políticos estadounidenses han exigido explicaciones. El régimen, fiel a su tradición de opacidad y desprecio por la legalidad, guarda silencio.

Ese silencio es revelador. Sugiere miedo. Miedo a que la liberación de Luis Manuel reavive el espíritu del 11J, miedo a que su presencia pública vuelva a encender la chispa de una ciudadanía que ya no cree en promesas vacías ni en consignas gastadas. Miedo a que la memoria de aquel día -la apoteósica rebelión de 2021- vuelva a convertirse en acción colectiva.

Mientras tanto, el país continúa hundiéndose en una crisis que ya no puede ocultarse ni con propaganda ni con amenazas: apagones interminables, cacerolazos nocturnos, falta de agua potable, transporte público colapsado, desesperanza generalizada. La dictadura intenta entretener, distraer, dividir, pero la realidad es demasiado contundente. Cuba vive una agonía estructural que no se resuelve con consignas, sino con libertad.

Recordar el 11 de julio no es un acto nostálgico, es un acto de responsabilidad histórica. Es afirmar que aquel día no fue un accidente, sino la expresión legítima de un pueblo cansado de sufrir. Y es exigir, una vez más, que se respete la vida, la libertad y la dignidad de todos los cubanos, empezando por quienes hoy están desaparecidos por ejercer su derecho a pensar y crear.

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