Frenesí de barro en monte indómito.

publicado en: Culturales | 0

POR: J. A. ALBERTINI
El sol que brilló sobre mí
infancia me privó de
todo resentimiento.
De la obra: El revés y
el derecho.
Albert Camus.


En el año 2021, Julio Estorino escritor, poeta y luchador comprometido con la
plena libertad de Cuba dio a la luz el poemario El delirio del barro. Por cierto,
esta recopilación de versos logró el segundo lugar y fue acreedora de Mención
de Honor en el 40 Premio Mundial de poesía mística Fernando Rielo, 2020, con
sede en Madrid, España. En ese certamen participaron 178 poetas de 29 países.
Siempre, más allá del merecido reconocimiento, los (si mal no recuerdo) 77
poemas que se agrupan en esta obra —que, según palabras del autor: Se trata en
realidad de cuatro poemarios y un poema, escritos y engavetados en el curso de
los últimos 30 ó 40 años— muestran al lector la existencia, no carente de
grandes encabronamientos, que han tachonado la senda humana de este
creador, pletórica, a pesar de todo, de amor a Dios, a la creación y a las
enseñanzas de los preceptos católicos.
En El delirio del barro, composición lírica que también le otorga título a la
primera parte de la obra el versificador y hombre de fe, quizá agobiado en su
justa dimensión humana por altibajos externos, que mellan la materia transitoria
y, sin vencerla, cercan la convicción religiosa, busca en el infinito una respuesta
que alivie la aparente orfandad. ..si Tú ves más allá del tiempo mismo / ¿qué
quieres que te ofrezca, si no tengo / más que un mundo de miedos
escondidos…?
A continuación abordamos Estado general del tiempo, largo poema dramático
dividido en XXII (números romanos) o partes que calificó de cantos en los que,
con Dios siempre presente, el poeta desata un cúmulo de emociones que, por su
intensidad expresiva, considero salmo: un personal y humano rezo que se ajusta
al tiempo del hombre que viene del barro colorao y del pitazo de trenes que
convergen en el matancero pueblo de Unión de Reyes que, aunque es el
segundo municipio más pequeño de Cuba, el bardo Estorino —con sabor a
leche materna en el paladar de los sentidos— lo declara: capital de Cuba.

Y ¿qué es el tiempo? / ¿es lo mismo que torna a ser lo mismo…? Tiempo sin sol
y sin sal, / tiempo de noche constante / tiempo de los bocabajos… Tiempo de
luna sin sombra, / de eclipse de muertos de hambre… No obstante— tomado,
como he realizado, en esta dilatada composición, de aquí y de allá— la
acendrada humanidad cristiana del autor y firmeza lo conduce a proclamar:
Tiempo del bien silencioso / que no alcanza titulares, / de los que parten su
pan… porque en definitiva, certeza sembrada en el versificador, se impone:
Salir a brindar amor… / quizás el Amor nos salve.
Inevitable recordar que la poeta Silvia Landa†, en palabras certeras y breves,
resumió la esencia emocional de la obra cuando manifestó: En estos versos el
alma respira con palabras.
Y asíٟ lo constata y siente el lector cuando Julio Estorino, cruzado cabalgante de
amor y fe, en la sección o libro que nombra Mujer de un poeta, al referirse a
Isabel, también título de la composición que inicia esta parte, con satisfacción
feraz, dice: Me he vaciado de mí para quererte / paloma de mi nido y de mi
jaula, / me he volcado en tu amor / tan hondamente / que ya casi no encuentro
mi contorno, / sumido como estoy en tu manera, / fundido en tu presencia / y en
tu entraña.
Hombre de hogar y pareja de por vida, en Ven mi vida reafirma su compromiso
matrimonial cuando le pide a Isabel: Ven compañera, / toma mi mano. / Ven y
no temas, / que yo te aguardo, / que desde siempre / por ti he esperado. / Ven a
mi vida, / mujer… ¡yo te amo!
Por su parte el poeta Orlando Rossardi† al opinar, sobre los poemas agrupados
en Fotos del alma, conmovido por el vigor emocional de los mismos, acentuó:
Casi devocionario de amor. Una especie de compañero del siglo en que
vivimos.
Por supuesto, el juicio del poeta Rossardi queda completamente justificado
cuando topamos con poemas como: Tres hijas, El poema de los nietos y el
titulado A Pura del Prado†: Tu sonrisa opulenta esconde tanto / de tristeza
valiente y altanera, / que a veces imagino que tu llanto / mojaría tu risa si
pudiera…
Julio Estorino, laico católico de formación integral, en Canción para mi padre
moribundo, en despedida sentida arrulla al progenitor: Duérmete mi viejo, /
duérmete mi amor, / ve tranquilo, padre/ al reino de Dios.
Hombre, exento de rencores personales; maravillado del don de la vida y de la
importancia que la mujer ostenta en la creación, piensa en la que le dio el ser;

piensa en todas las madres del mundo y, agradecido, clama: Mujer que nos das
la vida / igual que un mágico germen, / mujer, ¡que Dios te bendiga! / ¡Bendita
mil veces eres!
Rasgo característico de Julio Estorino es que, paralelo a su carácter afable y
bondadoso, es un hombre totalmente comprometido con la libertad de Cuba. Así
lo atestigua su ruta de vida. Este cubano, que hace suyo el verso sencillo de José
Martí: Vengo del sol y al sol voy, contando 17 años de edad escapó de una
prisión castro comunista para comenzar, lejos de su Isla, un largo y combativo
exilio que dura hasta el presente.
En obra anterior, cuyo nombre es Cimarrón en monte extraño (2004), el poeta
peleador, en 25 poemas, vuelca su devoción por la tierra materna y
agradecimiento a los Estados Unidos de Norteamérica, nación de acogida.
Asimismo, mantiene la confianza, a pesar de la adversidad actual, en una Cuba
futura: con todos y para el bien de todos.
Cimarrón en monte extraño se inicia con el poema Plantado… ¡Ay Cuba, que
me tiemblas en los ojos! /…en tu horizonte gris vuelan las auras. Y devorando
versos el dolor desgrana: La reja se me ha vuelto compañera, / obstáculo y
guardiana de mis ansias…
Obviando títulos de poemas, al azar, reproduzco algunos versos cuyo contenido
estremecen las páginas de este sentido libro: Las que vieron caer / tras el canto
fatal de las balas, a sus hijos frente a un paredón… Aunque muera cual soy, un
desterrado / y se cierren mis ojos para el mundo / sin volver a mirar, bello y
jocundo, / a mi verde caimán, caimán amado… Y con la terquedad
emancipadora que produjo un 10 de octubre de 1868 y posteriormente la con
continuación en la contienda justa y necesaria de 1895, Julio Estorino, con la
misma convicción del gigante de Dos Ríos, exclama: Aunque pasen mil años,
¡qué carajo!, / aunque el sol de mis días oscurezca, / aunque en todos el brío se
entumezca, / o ignoren el deber que aquí nos trajo… Yo he de estar esperando
noche y día / despertar con la alegre algarabía / de ver mi Cuba sin dogal ni
andrajo.
NOTA: Julio Estorino ejerce el periodismo desde 1959. Es autor de los
poemarios Patria y Pasión (1975), Cimarrón en monte extraño (2004) y El
delirio del barro (2021) que hoy reseñamos. También, en el año 2012 produjo
un libro con los escritos del Pastor del Exilio, Monseñor Agustín Román bajo el
nombre de Una palabra más fuerte y en el 2019 escribió y editó Biografía de un
hombre de Dios, obra que recoge vida y obra de Monseñor Román.
Su militancia política a favor de la libertad de Cuba se mantiene activa, así
como sus colaboraciones periodísticas y poéticas en radio y prensa plana.

Información de su quehacer literario se encuentra en Amazon libros.

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