
POR: J. A. ALBERTINI
Haga cada uno su parte del deber
y nada podrá vencernos.
José Martí.
Ernesto Díaz Rodríguez luchador infatigable, desde el año 1960, por liberar a
Cuba de la tiranía totalitaria castro-comunista pasó —en medio de la contienda,
que aún prosigue —22 años y 3 meses (1968-1991), bajo condiciones terribles,
en las prisiones del régimen. Hombre de acción y de pensamiento Ernesto
aconsejado, entre otros, por intelectuales y poetas de la estatura de Jorge Valls
Arango† y Ángel Cuadra Landrove† destapó, en cautiverio, su sincera y
sensible vocación poética. Sustituido el fusil por la pluma barrotes carcelarios
resultaron ineficaces para silenciar al combatiente poeta.
Entonces, cual soplo de libertad que no admite el encierro de la creación,
Ernesto Díaz Rodríguez escribe la denuncia, hecha poema, que se titula: Un
testimonio urgente (publicado en Miami en 1977). Las autoridades
penitenciarias toman represalias y la respuesta de Ernesto es el poemario
infantil titulado: La campana del alba (1984). La brutalidad se recrudece pero
el poeta guerrero, gracias a la calidad humana, exenta de odios, de su creación,
es acogido, como miembro de honor, por el PEN CLUB francés. Distinción que
se extendió al PEN CLUB inglés, norteamericano y reputadas organizaciones,
de alcance mundial, defensoras de los derechos humanos y las libertades.
Lograda la libertad, con los recursos disponibles y tomando en cuenta la
realidad circundante, prosigue su denodado batallar por librar a Cuba del
totalitarismo castrista. Asimismo, ya investido como poeta y ensayista
reconocido escribe y publica obras poéticas (algunas bilingües) como: Mar de
mi infancia (1991) Carrusell (1994), Piedra por Piedra (2008) y En las alas del
viento (2023) incluyendo los libros, de relatos verídicos y denuncia titulados
Rehenes de Castro (1995) y Stronger than Tyranny, cuyo subtítulo es: Political
Prisioners in Cuba (2018).
Por mucho tiempo, con la modestia que le caracteriza, Ernesto eludió hablar
mucho de sí mismo. Siempre, que lo hizo fue en el contexto de historias y
relatos, inherentes a la confrontación padecida, donde su voz y presencia se
hacían indispensables. Sin embargo, estimulado por compañeros y afectos que
valoran la importancia del testimonio, al fin decidió narrar su participación
directa, impresiones y anécdotas, referente a su temprana y total adhesión a la
causa que por más de 67 años lo ha enfrentado al despotismo del castro-
comunismo, entronizado en Cuba desde el año 1959 del pasado siglo XX.
De esa forma se fraguó La lucha por la libertad. Pisando el umbral de esta
sucinta reseña se impone decir que este testimonio, escrito de forma clara y
directa, ausente de calificativos innecesarios, aunque recoge algunos eventos
importantes, como lo fue la salida ilegal en enero de 1961, por mar, de un
grupo de dirigentes del Segundo Frente Nacional del Escambray, rumbo a las
costas norteamericanas del estado de La Florida en un barco pesquero,
capitaneado por Pedro Manuel Díaz† (Maño) padre de Ernesto, se centra,
mayormente, en el periodo que abarca de marzo de 1961 con la salida, por mar,
del autor y concluye con su captura y demás acompañantes, cumpliendo misión
de infiltración, en diciembre de 1968, por tropas castristas, luego de desigual
confrontación bélica. Delaciones y traiciones, desgraciadamente inherentes a
toda larga lucha emancipadora, son denunciadas a lo largo del texto.
El libro La lucha por la libertad, cuya cubierta es una imagen real de la
marcha, durante un adiestramiento, por terreno accidentado, de un grupo de
combatientes de Alpha 66, también se ilustra con instantáneas de páginas del
diario de campaña de Ernesto Díaz Rodríguez y una veintena más de fotografías
de apreciado valor histórico y sentimental.
La fundación de Alpha 66, dificultades, logros, fracasos, sacrificios y el
obstinado volver a empezar con pisadas martianas llenan las 159 páginas de esta
obra.
Lugares ocultos de campamentos de entrenamiento militar y guerrillero, en
sitios ubicados en el área del Mar Caribe tales como la isla Andros,
perteneciente a las Bahamas; añadiendo Boca Chica y Punta Presidente en
República Dominicana, junto a otros lugares de apoyo en Puerto Rico e islotes
diseminados en las aguas caribeñas salpican la narración. Además, imposible
no tomar en cuenta, el acoso, persecución y desalojo, que bajo presión de las
autoridades británicas y norteamericanas, por delaciones provenientes de la
Cuba castrista, en todo momento, enfrentaron los comandos de Alpha 66.
Las vicisitudes para adquirir o construir las embarcaciones adecuadas y otros
avituallamientos, incluyendo armas ligeras y pesadas, así como las riesgosas
misiones de infiltración y extracción de combatientes en territorio cubano, bajo
control de fuerzas castristas, son narradas en La lucha por la libertad, sin
olvidar ataques rápidos y dañinos a buques rusos de gran calado.
Roturas y accidentes de las lanchas artilladas, en aguas cercanas al litoral
cubano, que ponían en riesgo el éxito de las misiones y la vida de los hombres
de Alpha 66 son eventos que Ernesto, por primera vez, cuenta de manera tal que
el lector participa en la peligrosa vivencia de un instante de nuestra historia
patria.
Tal es el caso acaecido la madrugada y amanecer del 14 de enero de 1965,
cuando una misión que debía realizarse en Punta Caleta, enclave marítimo al sur
de la provincia de Oriente, fue abortada por la aparición de patrulleras castristas.
Ernesto y la tripulación de la embarcación logran evadir la persecución
marítima del enemigo. No obstante, naves aéreas del régimen despegan para
hundirlos. Ernesto se comunica por radio con la base en República Dominicana
e informa que morirán peleando. Entonces, el valiente coronel de la fuerza
aérea dominicana Juan N. Folch Pérez† (posteriormente Mayor General y jefe
de la aviación militar de la nación fraterna) que escuchó el mensaje de
los aguerridos cubanos, sin requerir autorización superior, piloteando un jet
Vampiro, sin insignias, de fabricación inglesa, ahuyentó a una aeronave
castrista, B-26, que se disponía a destrozar la lancha de Alpha 66 y asesinar a
los ocupantes. Igual identificación con la causa cubana, prosiguiendo la
tradición que desde nuestras guerras independendentistas ha caracterizado al
hermano pueblo, mantiene el hoy, hijo del primero, Mayor General, y ex jefe
también de la fuerza aérea quisqueyana Juan R. Folch Hubieral.
Ernesto Díaz Rodríguez, a lo largo del relato menciona la historia gestora de
Alpha 66 así como cita los nombres de los fundadores de la organización,
colaboradores y luchadores caídos en combate o, como él mismo, apresados y
sentenciados a prisión. La lista de héroes y mártires de la patria es tan extensa
que carezco de espacio para citarlos a todos. De todas formas unos y otros son
parte integral de nuestra historia. Se impone leer La lucha por la libertad.
Horas antes de acometer su última misión de penetración armada el poeta, por
entonces en ciernes, con la incógnita del cercano e indescifrable futuro, escribe
su primer poema: Ha llegado ya el gran día / para marcar en la historia, / con
honrada valentía…
Y en las postrimerías de este comentario, se impone resaltar el importante
trabajo de revisión y corrección que realizaron los hermanos y editores de la
obra Ángel y Armando Manuel D’ Fana.
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Rodríguez se encuentran en Amazon Libros.
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