Enrique Caruso en La Habana

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junio 18, 2026 -por Manuel C. Díaz

La visita de Caruso a La Habana en mayo de 1920 fue recogida en numerosos artículos periodísticos de la época y también por escritores como Alejo Carpentier quien, aunque la reflejó en algunos de sus textos, no lo hizo para dar a conocer un acontecimiento cultural sino de un modo anecdótico para recordar lo que llegó a conocerse en Cuba como «el día que Caruso corrió».

Todo sucedió cuando, el 5 de mayo de 1920, el famoso tenor llegó a La Habana acompañado por su secretario, Bruno Zirato, dos de sus asistentes (uno llamado Mario Fantini y otro al que apodaban Punzo) y su director musical Salvatore Fucito.

Al puerto fueron a recibirlo numerosos italianos radicados en la isla, periodistas, fotógrafos, un representante del presidente, el empresario Adolfo Bracales, que lo había contratado, y una banda de música tocando melodías italianas.

Lo que muchos no sabían era que Caruso llegaba a Cuba con muchas preocupaciones y temores porque unos meses antes había sido amenazado de muerte por la organización la «Mano Negra», a menos que él entregara la cantidad de quince mil dólares. Y no solo eso, sino que, durante la travesía, había recibido un anónimo donde lo amenazaban con matarlo si cantaba en Cuba. Caruso se presentaría en el recién estrenado Teatro Tacón, que en ese tiempo era uno de los más elegantes del mundo, para cantar la ópera Aída.

Aquella noche, lo mejor de la sociedad habanera de la época había asistido al estreno. Para sorpresa de todos, en medio de la actuación se produjo una gran explosión dentro del teatro causando el pánico entre los asientes que corrieron aterrorizados en busca de las salidas, mientras los músicos, también asustados, soltaban sus instrumentos y corrían en busca de refugio.

Caruso, por su parte, que se encontraba en medio de su actuación, al oír la explosión salió corriendo despavorido por una puerta lateral que daba a la calle San Rafael y continuó corriendo por dos cuadras, sin saber siquiera hacia dónde, hasta que un asombrado policía lo detuvo porque le pareció que iba vestido de mujer.

En realidad, Caruso había huido con la ropa de Radamés, el personaje de la ópera. Horas después, el famoso tenor italiano, saldría libre gracias a las gestiones del embajador de su país.

Lo curioso es que nadie recuerda si la actuación de Caruso fue buena o mala. Todo lo que recuerdan es que Caruso corrió vestido de Radamés por la habanera calle de San Rafael.

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