El himno nacional cubano y la canción Cuando salí de Cuba: entre el patriotismo y la nostalgia.

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Perucho Figueredo. autor del himno nacional.

Entre los principales símbolos de la identidad nacional de los pueblos, como las banderas, los escudos y los himnos, son estos últimos los que más arraigados están en la conciencia colectiva de los pueblos. ¿Quién no se estremece, sobre todo en épocas de grandes tragedias nacionales, al escucharlos? Y es que la música, en cualquiera de sus manifestaciones, es capaz de transmitir fuertes emociones. En el caso de los himnos es comprensible entonces que provoquen, por el tono épico de sus letras y la marcialidad de sus compases, un sentimiento de profundo patriotismo.

El himno nacional cubano, por ejemplo, aquel que cantábamos en la escuela en el acto cívico de los viernes y que, como todos sabemos fue compuesto por Pedro (Perucho) Figueredo en 1868, todavía nos hace llorar a pesar de tantos años de exilio.

Originalmente se le llamó La Bayamesa por haber sido compuesto y tocado por primera vez en Bayamo y quizás también en alusión a la ya conocida marcha La Marsellesa de la Revolución Francesa.

Se escuchó en forma pública el 11 de junio de 1868 en la Iglesia Mayor de Bayamo durante un solemne Te Deum con motivo de las festividades del Corpus Christi y ante la presencia de altas personalidades del gobierno colonial español y de un gran número de fieles de la ciudad.

Uno meses más tarde, el 10 de octubre, comenzó la Guerra de los Diez años. Y lo demás, como se dice, fue historia.

Sin embargo, no son solo los himnos los que causan esa inexplicable sensación de pertenencia al terruño. Hay otras melodías que, de alguna misteriosa manera, también son capaces de originar estados de ánimo semejantes. Todos los países tienen una; algunos tienen varias. Nadie les confirió oficialmente ese título, pero se les conoce como «segundos himnos nacionales» y es imposible escucharlas sin que se nos forme un nudo en la garganta y los ojos se nos llenen de lágrimas.

Cuba también tiene los suyos, como Mujer bayamesa, compuesta en 1918 por Sindo Garay, una canción en la que se resalta el patriotismo de la mujer cubana cuando en una de sus estrofas dice: «Pero si siente de la patria el grito, todo lo deja, todo lo quema«. Otro «segundo himno», más moderno y adoptado por la izquierda internacional, sería La Guantanamera, de Joseíto Fernández, una vieja tonada campesina rescatada de la crónica roja cubana a la que Pete Seeger le incorporó los Versos sencillos de José Martí y que, en 1966, gracias a una grabación del grupo Sandpipers, se convirtió en un trasnochado himno revolucionario mundial. Y está, claro, Cuando salí de Cuba, el verdadero segundo himno nacional de los exiliados, un regalo del compositor argentino Luis Aguilé y cuyas estrofas nunca hemos dejado de repetir: «Cuando salí de Cuba/ dejé mi vida dejé mi amor/ cuando salí de Cuba/ dejé enterrado mi corazón.     

egelH

junio 8, 2026 – por Manuel C. Díaz

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