Cuba en la Memoria de Manuel C. Díaz.

publicado en: Culturales | 0

CUBA EN LA MEMORIA DE MANUEL C. DÍAZ
POR: J. A. Albertini.


El recuerdo es la
presencia invisible.
Victor Hugo.


El escritor y periodista Manuel C. Díaz, ex prisionero político cubano y
exiliado en Estados Unidos, desde 1979, ha residido y desarrollado, hasta el
presente, toda su obra literaria y periodística, en la ciudad de Miami.
Por más de 30 años, ha escrito para el periódico El Nuevo Herald reseñas
literarias, crónicas de viajes y artículos de opinión. Asimismo, comentarios
sobre música y temas de actualidad.
A su pluma, debemos las novelas El año del ras de mar y Subasta de sueños
(Ediciones Universal, 1993- 2011) y La virgen del malecón (Ediciones
Baquiana, 2013). En cuentos los volúmenes: Un paraíso bajo las estrellas
(Ediciones Universal, 1995) y Cuentos cubanos: Isla y exilio (Amazon Books,
2022).
Siempre activo, haciendo honor a su inveterada pasión por visitar países de
diferentes continentes, y deseoso de compartir, permanentemente, con sus
lectores algunas de las crónicas de viaje, que a lo largo del tiempo redactó para
El Nuevo Herald, realizó una acertada selección de las mismas. Bajo el sello de
Ediciones Universal en el año 2016 salió a la luz el libro: De Cádiz a
Normandía.
Manuel C. Díaz, amante de la historia y conocedor de la enorme influencia que
la literatura, libre de ataduras e intimidaciones, tiene en la existencia de pueblos
y estados, durante su desempeño creativo, ha puesto énfasis en comentar obras
que —al margen de la nacionalidad del autor —él ha considerado importantes.
Por supuesto, un sitio significativo en las reseñas literarias, incluyendo todos los
géneros, lo ocupan las escritas por cubanos exiliados. Sin temor a errar digo que
gracias a sus cultas y atinadas crónicas se puede seguir, hasta los días presentes,
el aporte valioso —legitimo patrimonio cubano —que narradores, poetas,
ensayistas, historiadores, filósofos, de ambos sexos, contemplando un amplio
etc, han ido desgranando a lo largo de este largo exilio. ¿Acaso verbo y pluma
del desterrado José Martí no reposan en las entrañas de la patria?
Y, en este rápido presente, Manuel C. Díaz, siguiendo pisadas antecesoras, en
su más reciente libro —de sugestiva y bien diseñada carátula —titulado: Cuba

2
en mi memoria, cuyo subtítulo es: República – castrismo – exilio, (Editorial El
Ateje, 2025) agrupa 37 crónicas de temas variados, cuyo enfoque central es
Cuba y el desguace sistemático que el castro-comunismo ha realizado en la
población, recursos naturales, vivienda y economía nacional, tomando, muy
seriamente, en cuenta el rosario interminable de víctimas que por más de 65
años han nutrido la permanencia del régimen nefasto. Y como el contenido se
puede leer sin seguir un orden establecido, las disfruto y comparto—no todas
—tomando de aquí y de allá.
En Conrad Hilton en La Habana, relato que aviva el recuerdo, Manuel C.
Díaz, nos dice que con 16 años de edad y siendo uno de los empleados más
jóvenes del Hotel Habana Hilton, el 19 de marzo de 1958, día de la
inauguración oficial del edificio, en horas de la mañana, libro de vistas en mano
esperó erguido —aunque tenso —a que la primera dama de la Republica Marta
Fernández Miranda de Batista llegase al edificio y firmara el libro para dar
inicio a los festejos. En un lujoso Cadillac negro, rayando las 10 A.M., llegó la
Primera Dama y estampó su firma.
Triste reflexión despierta: La entrada de Fidel Castro a La Habana y la toma,
el 8 de marzo de 1959, por el caudillo y secuaces, de la totalidad del piso 23 del
lujoso inmueble.
Pena provoca leer: El hotel Habana Hilton y sus obras de arte, cuyo subtitulo
es: Una historia poco conocida. Era el Viernes Santo del año 1960, cuando el
gran mural, que adornaba la fachada del hotel y una sección de la piscina, obra
de la artista plástica Amelia Peláez, a causa de los vientos de cuaresma se
desprendió y pedazos de escombros ligados con filosos cristales de cerámica
acabaron con las vidas de Zita Coalla, conocida bailarina del cabaret Tropicana
y su novio. Ambos, en trajes de baños, se solazaban junto a la piscina. El relato,
antes de abordar el fatídico incidente, hace un repaso sobre la totalidad de las
valiosas obras pictóricas y escultóricas —en el presente desaparecidas, (robadas
por los nuevos colonizadores de la Isla)— hechas por afamados creadores
cubanos, que por entonces engalanaban el inmueble.
Mi amigo René y sus, para mí como lector, dichosas pegatinas, resulta una
narración llena de humor crédulo, con mueca de disgusto final que demuestra
lo engañado que estuvo el pueblo cubano sobre el verdadero plan de gobierno
totalitario que animaba pensamiento y desempeño de Fidel Castro: Our
revolution is not communist…is humanistic…
Los fusilamientos en Cuba y el terror como política de estado retrata la
temprana artimaña que el creciente totalitarismo empleó —7 de febrero y 29 de
junio, 1959 —para promulgar leyes que permitían aplicar, de manera arbitraria,

3

la pena de muerte por fusilamiento, a la par que injustificadas y largas
condenas carcelarias. En esta crónica, de tropelías vigentes, se mencionan
varios nombres de víctimas y victimarios. La lista total aún no se puede
contabilizar porque la vesania calculada sigue, día tras día, enriqueciéndola.
La Guerra del Escambray y sus héroes, El Éxodo del Mariel, Los rostros de los
fusilados —denuncia pictórica, desde Barcelona, España, que el artista plástico
y escritor cubano, Juan Abreu realizó como homenaje permanente a los
patriotas ejecutados por el castrismo— así como El hundimiento del
remolcador 13 de marzo, con su rosario de fríos y calculados asesinatos de
hombre y mujeres, incluyendo 10 niños, llenan las 134 páginas de Cuba en mi
memoria, donde repito, se agrupan estas 37 crónicas, de palpitante actualidad e
intrínseca memoria histórica.
También, en olor de barbarie, el libro cuenta con artículos tales como: El
Periodo Especial y la Nueva Coyuntura, Los cubanos enfrentan la pandemia,
La Habana no aguanta más, Cuba y su Museo del Horror y De vuelta al cepo.
Imposible, a pesar del espacio limitado, dejar de mencionar los artículos de
opinión: Francisco, el Pontífice de las sorpresas y El socialismo del siglo XXI,
sin omitir el escrito, lleno de sentimientos, titulado: La muerte de Celia Cruz.
Otras lecturas referentes a determinados sucesos y etapas de nuestra era
Republicana, entre las que se encuentran La Tremenda Corte, José Ángel
Buesa: el poeta del amor y Enrique Caruso en La Habana, arrancan sonrisas
matizadas de jovialidad.
La rica diversidad de asuntos que han marcado y siguen influyendo —con
presencia de laceración abierta— en el prolongado exilio cubano se describe en:
Cubanos por el mundo, La radio cubana de Miami, El PEN Club de Escritores
Cubanos en el Exilio y Cubanoamericanos en Viet Nam.
No obstante, como la evocación es padecimiento de exilio y el hogar que, por
imposición ajena, tuvimos que abandonar, ya no conserva el sabor que nos
despidió, recomiendo la lectura del relato: Mi hermano Ricardo regresó a La
Habana. Ya nada es igual, nada será igual. El tiempo jamás retrocede, pero eso
no impide que Cuba en mi memoria sea una constante, como lo es en el
pensamiento del escritor Manuel C. Díaz a quien felicito por la acertada
selección de estas crónicas que, más allá de la desaparición del castro
comunismo de nuestra Isla, seguirán siendo memoria viva. Texto de consulta.
NOTA: Cuba en mi memoria y demás obras de Manuel C. Díaz se encuentran
en Amazon libros.

4

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *