
Autor. Germán J. Miret
Rogelio nace en La Habana el 16 de septiembre de 1932. Cursa su primera
enseñanza en el colegio “San Francisco de Sales”; continúa sus estudios en el
colegio Belén, allí termina el bachillerato. Posteriormente se gradúa de ingeniero
agrónomo con brillantes calificaciones en la Universidad de La Habana y más
tarde toma un curso de post-graduado sobre la producción de arroz en una
universidad de la ciudad de Baton Rouge, Luisiana, EEUU.
Fue un hijo ejemplar, sus padres fueron Manuel González y Gloria Corzo. Era una
familia modelo integrada, además, por dos hermanos mayores: Manuel e Isidro.
Rogelio fue en vida un joven profundamente católico, de comunión diaria y
miembro de la Agrupación Católica Universitaria, la ACU.
En 1957 Rogelio asistió a una función en el Teatro Auditorium del Vedado en La
Habana, evento que presentaba la Agrupoación y allí conoció a Dulce Carrera
Jústiz con la que eventualmente se comprometió en matrimonio.
Desde el principio de la nefasta revolución ya se podían ver las intenciones
totalitarias de Fidel Castro y el grupo de sus más cercanos colaboradores.
Entonces, los que de verdad habían hecho la revolución, los que de verdad habían
luchado y se habían sacrificado por ella y ahora se sentían traicionados,
comienzan a conspirar. Surgen entonces distintos movimientos revolucionarios de
lucha para destruir la vorágine comunista y salvar la revolución.
Uno de esos grupo, dirigido por el doctor Manuel Artime, miembro aún del
Ejército Rebelde, fue formado en su mayoría por estudiantes, particularmente por
miembros de la Agrupación Católica Universitaria. Varios de los miembros de este
grupo clandestino trabajaban en diferentes dependencias del régimen en los
primeros meses de 1959. Entre ellos se destaca la honrosa presencia del ingeniero
Rogelio González-Corzo como Director Central del Ministerio de Agricultura. La
tesis revolucionaria, prevaleciente entre el grupo de conspiradores, era la de tratar
de salvar la revolución desde adentro, ocupando posiciones claves en la
Administración Central del Estado.
Otro de los grupos anticomunistas que surge es uno formado por oficiales del
Ejército Rebelde.
Ambos grupos hacen contacto entre sí por la confiable mediación de un amigo
personal del doctor Manuel Artime. Cuando éste se vio obligado a abandonar su
puesto de segundo jefe del Instituto Nacional de la Reforma Agraria (el INRA) en
Manzanillo, celebró varias entrevistas que culminaron con la reunión de ambos
grupos el 6 de noviembre de 1959, acordando constituirse en una organización
nacional de lucha frente al régimen de Fidel Castro, para ellos, ya evidentemente
comunista. Entre los conspiradores se encontraba Rogelio González Corzo,
“Francisco”.
“Francisco” se separa entonces de la vida que había llevado hasta entonces para no
perjudicar a sus seres más queridos; se va de la casa de sus padres, deja de asistir a
las reuniones de la ACU y acuerda con su novia no verse más en público.
Comienza entonces su vida en el clandestinaje, cambiando de casa continuamente,
tratando de servir al máximo y por tanto tiempo como pudiera.
El 12 de diciembre de 1959 se celebra otra reunión en la que se decide ponerle a la
organización el nombre de «Movimiento de Recuperación Revolucionaria» o
M.R.R, quedando días después terminada la estructuración del Ejecutivo (todos,
naturalmente en el clandestinaje). También completan su declaración de principios
y un programa de labores a realizar. «Francisco» inicia entonces las labores
inherentes a sus cargos de Secretario de Control y Disciplina y de las secciones
Campesina y Obrera mientras que el doctor Artime viaja al extranjero en su
carácter de jefe de todas las fuerzas militares del M.R.R. y delegado de la
organización en el extranjero.
En el mes de enero de 1960 se da la orden de ir seleccionando a los patriotas que
saldrían al exterior a recibir el entrenamiento militar, ya que el campamento iba a
ser abierto en breve si fructificaban las gestiones que en ese sentido se estaban
efectuando en América Latina. Por esos días también, el 5 de febrero de 1960, la
Sección Estudiantil del Movimiento participa en el primer acto público en Cuba en
protesta contra la naciente tiranía. Fue éste el famoso incidente del Parque Central
de La Habana, durante la visita de Anastas Mikoyan y su sacrílega ofrenda floral
ante la estatua del Apóstol José Martí.
El sector estudiantil cobra cada día más fuerza, extendiéndose por universidades y
centros de segunda enseñanza. Se forma además un cuerpo de ingenieros que
recorren la Isla para señalar puntos idóneos de recepción de armas y trasiego de
hombres que entran y salen con misiones especificas.
Estas simultáneas actividades de valor y sacrificios, desarrolladas por toda la Isla,
provocaron la reacción inquisitiva del aparato represivo del G-2 que logra infiltrar
sus agentes en todas las organizaciones clandestinas, y como secuela, la detención
de muchos de los principales miembros del ejecutivo; otros, con más suerte,
lograron el asilo en embajadas mientras otros pudieron escapar al extranjero.
Mermadas las fuerzas anticomunistas, estas nuevas circunstancias plantearon la
necesidad de reorganizar la dirección del M.R.R. al que gran número de sectores y
organizaciones de acción habían acordado unirse y acuerdan, en mérito a la tesonera
y eficaz labor e indiscutible condición de líder nombrar a Rogelio González Corzo,
“Francisco”, como Coordinador Nacional del M.R.R. y coordinador militar del
Frente Revolucionario Democrático (F.R.D.) que más tarde se convertiría en el
«Consejo Revolucionario de Cuba» .
En la tarde del sábado del 18 de marzo de 1961, reunidos en una casa un número de
patriotas, entre ellos el ex comandante del Ejército Rebelde Humberto Sorí Marín,
las fuerzas del G-2 se encontraban registrando una casa cercana y ven un
movimiento inusual en la casa donde se encontraban los patriotas. Es así que
fortuitamente dan con el grupo, establecen un cerco alrededor de la casa y son
apresados todos los presentes, incluyendo a Rogelio Gonzalez Corzo. Al principio
los los agentes ignoran que han apresado a “Franciso” porque este tiene una
identidad falsa.
Comienza entonces la lucha febril por conseguir su rescate; se mueven cielos y
tierra con este propósito. Una valerosa emisaria voluntaria, la doctora Virginia
Castellano, sale para Cuba con supuestos medios idóneos para lograr la fuga de
«Francisco» horas antes de la llegada de los expedicionarios de la Brigada de Asalto
2506 a las arenas de Playa Girón. Las horas cuentan llenas de agonías
indescriptibles, y se produce el desembarco de Bahía de Cochinos. Es el 17 de abril
de 1961.
La noticia del desembarco corre como un hilo de pólvora por todos los rincones de
la Isla y llega al oscuro rincón donde se encuentra detenido Rogelio hacéndole
sentir, tal vez, el gozo de una victoria cercana y palpar el premio a su rosario de
sacrificios… sin embargo, los sicarios infames de la tiranía descubren su identidad.
Pronto es juzgado y condenado a muerte junto con Sorí Marín y otros jóvenes, entre
ellos, Alberto Tapia Ruano y Virgilio Campanería, que habían sido detenidos en
distintas redadas de los sicarios de la tiranía.
“Francisco”, estando en los últimos momentos de su vida, logra escribir, inspirado
por sus sentimientos religiosos, una carta a sus padres, y entre otras cosas, les
señala:
«Sé lo que representa para ustedes el momento en que reciban la noticia de mi
muerte, encontrándose ustedes lejos de donde yo estoy. Quiero decirles que esto fue
siempre lo que yo le pedía a Dios. Creo que hubiera sido para ustedes un
sufrimiento mayor moral, y quizás físico, si hubieran estado aquí y hubieran tenido
que pasar por todo este tiempo que, entre mi prisión y mi muerte, ha durado 32
días.
No tienen, en ningún momento, que abochornarse de mi prisión y fusilamient, al
contrario espero que estén orgullosos de su hijo y que sepan adoptar una postura
correcta en el momento en que Dios y la Patria pedían el sacrificio de su hijo.
Quiero que sepan que era la única postura que podía tener en situaciones como la
que está atravesando la patria en estos momentos.
Esto lo estoy escribiendo a las 2 a.m. del día 20 de abril. Estoy en una celda que le
dicen capilla, ya que mi muerte es cuestión de minutos. Quiero que de esta manera
sepan ustedes que mi último pensamiento en la tierra fue para ustedes y mis
queridos hermanosQuiero que esta muerte mía, de la cual deben estar
orgullosos, sirva para que ustedes, papá y mamá, me hagan la promesa de ir a misa
todos los domingos y de confesar y comulgar los dos y, después, hacerlo
regularmente”.
En la madrugada del 20 de abril de 1961, sólo tres días después del inicio de la
batalla de Playa Girón, es fusilado en la Fortaleza de La Cabaña aquel heroico
baluarte de los católicos y de la clandestinidad cubana que fue Rogelio González
Corso, “Francisco”.
A su novia no se le permitió asistir a su funeral.
Creemos, sin lugar a dudas, que el nombre ejemplar e ilustre de Rogelio González
Corzo “Francisco” está inscrito de manera indeleble en la historia contemporánea
del martirologio cubano en servicio a Dios y a la Patria.
Francisco es considerado por quienes lo conocieron o han conocido su historia
como un verdadero mártir de su Fe y ciertamente de la Patria.
(Parte de la información utilizada en este artículo la obtuve de un escrito de mi amigo Agustín
Villegas)
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