
Germán J. Miret
2/3/2012
Cuando se escriba la historia de Cuba relacionada a la época del desastroso
experimento comunista que comenzó el primero de enero de 1959 -y que ya dura
demasiado- se registrarán en ella nombres de héroes, hechos heroicos y fechas para
conmemorar parecidas a aquellas de la gesta independentista del siglo XIX.
El heroísmo del pueblo cubano no murió con Agramonte, Martí ni Maceo. Los
sacrificios del cubano no cesaron con Carlos Manuel de Céspedes, Francisco
Vicente Aguilera ni Perucho Figueredo. El heroísmo y los sacrificios de los
patriotas cubanos se repitieron en el siglo XX en las luchas contra todas las
tiranías, y muy especialmente contra presente tiranía castro-comunista.
Innumerables son los ejemplos de hombres y mujeres que lo dieron todo, aun sus
propias vidas, por ver una Cuba próspera, fraternal, justa… Muchos de ellos, tal vez
una mayoría, vivieron unas vidas muy cortas, murieron entre los 20 y los 25 años y
su historial patriótico no duró más de 2 o 3 años. ¡Pero… qué ejemplo nos dieron!
Hay un grupo, una organización que comenzó su lucha apenas se dieron cuenta de
que la revolución estaba siendo traicionada por Fidel y Raúl Castro, el Che
Guevara y varios dirigentes comunistas. Esa organización fue el Directorio
Revolucionario Estudiantil.
Y muchos miembros del Directorio, o el DRE como le decíamos, escribieron
páginas de heroísmo, de entereza, de valentía frente a los paredones de
fusilamiento. Fueron varios de ellos los que primero dieron el grito de ¡Viva Cuba
Libre! ¡Viva Cristo Rey! parados virilmente, la mirada en alto, frente a los fusiles
asesinos.
Pero veamos rápidamente como surge el Directorio. En año 1931 un sacerdote
jesuita, profesor del colegio Belén de la ciudad de Marianao, el Padre Felipe Rey
de Castro fundó una organización que llamó Agrupación Católica Universitaria
con el fin de mantener vivos en los estudiantes y profesionales sus criterios
cristianos. A la muerte del Padre Rey de Castro, la obra la continuó el también
jesuita Padre Amando Llorente, que por cierto era el profesor favorito del que se
convertiría en el mayor tirano de nuestros tiempos, Fidel Castro, alumno de ese colegio.
Cuando el dictador Batista huye de Cuba, la Agrupación Católica organizó los
Comandos Rurales, esto, sin pedir permiso pues en aquella época -principios de
1959- no existía razón alguna para pedirlo. Los Comandos Rurales era un cuerpo
de estudiantes universitarios y jóvenes profesionales que hacían labor social y de
alfabetización entre los campesinos de la Sierra Maestra. Esta obra duró poco
tiempo ya que el gobierno revolucionario los prohibió inmediatamente, lo que
significó un despertar, un aviso a esos jóvenes de lo que vendría después.
El organizador principal de los Comandos, fue el teniente del Ejército Rebelde y
militante de la Agrupación Católica, Manuel Artime, quien en el mes de octubre de
ese mismo 1959 rompe con la revolución y crea un grupo opositor que llamó
Movimiento de Recuperación Revolucionaria o MRR. Muchos de los jóvenes que
trabajaron con él en los Comandos Rurales se le unieron, pero más tarde se
separaron del movimiento para fundar el Directorio Revolucionario Estudiantil,
más acorde con su proyecto de lucha. Lógicamente, una buena parte de sus
miembros eran de formación católica y miembros de la ACU.
Hoy quisiera rendirle homenaje a uno de aquellos jóvenes: Juan Ramón Pereira
Varela -Juanín- como le llamaban su familia y sus amigos.
Juanín fue hijo único, nació el 31 de enero de 1941. Sus padres -inmigrantes
españoles- eran católicos prácticos; asistían a la iglesia de la Santa Cruz de
Jerusalén donde el padre, además, ayudaba en las misas y otros servicios
religiosos. La familia vivía en el reparto Buenavista de Marianao, en la calle 21
#8017, entre 80 y 82.
Juanín estudió en el Colegio Baldor, un colegio privado secular, o sea no era un
colegio religioso, en la Avenida de los Presidentes en el Vedado, La Habana.
Juanín se destacaba por sus buenas notas y su participación en los deportes. Jugó
baseball y basquetbol, representando al colegio en las competencias
intercolegiales; pero su fuerte era la natación y su especialidad era el estilo de
espalda. En su casa tenía numerosos trofeos atestiguando su calidad de nadador.
También compitió por el Club Cubaneleco, un club que pertenecía a los empleados
de la Compañía Cubana de Electricidad.
Una vez graduado de bachiller en 1958, pasó a la Universidad de La Habana,
donde se matriculó en la escuela de arquitectura. Sus dotes de líder natural fueron
notadas inmediatamente por sus compañeros de curso y lo eligieron como
Delegado de Aula dentro de la Federación Estudiantil Universitaria, la FEU.
Apenas ingresado en la Universidad lo invitan a participar en la Agrupación
Católica Universitaria, lo que él aceptó. La Agrupación Católica tenía su
sede a un costado de la Universidad, cerca del canal 4 de televisión en las calles
Masón y San Miguel. Allí Juanín se relaciona y hace amistad con jóvenes
idealistas, que alfabetizaban y catequizaban en barrios marginales de La Habana.
La madre de Juanín recordaba que él lo hacía en el barrio “El Fanguito”, en las
márgenes del río Almendares.
Los jóvenes de la Agrupación Católica Universitaria, o simplemente la ACU –
como también se le llama- no solo se preocupaban por evangelizar y contribuir a
la educación de los más pobres; aquellos jóvenes se preocupaban también por el
futuro de Cuba. De hecho, cuatro de ellos trataron de abrir un frente guerrillero
contra la dictadura de Batista en el Pan de Guajaibón en Pinar del Río, pero fueron
descubiertos y asesinados el 28 de diciembre de 1958, solamente tres días antes de
la huida del dictador.
En 1959, en el primer aniversario de sus muertes, varios
agrupados subieron al Guajaibón para rezar por sus mártires en el mismo lugar en
que fueron encontrados. Entre los que subieron se encontraba Juanín.
El día 5 de febrero de 1960 llega de visita a La Habana el Vice Primer Ministro de
la Unión Soviética Anastas Mikoyan con la excusa de inaugurar una feria de
productos soviéticos. Entre las actividades programadas durante su visita estaba la
de depositar una corona de flores ante el monumento de José Martí en el Parque
Central.
Los miembros de la Agrupación Católica, junto a otros estudiantes,
universitarios y alumnos de colegios de educación secundaria consideraron tal acto
una afrenta a Martí. Tenemos que recordar que hacía poco más de tres años que la
Unión Soviética había invadido las calles de Budapest en Hungría con sus tanques
de guerra para reprimir la sublevación popular del valeroso pueblo húngaro en
contra del sistema comunista. Y aquella masacre estaba fresca en la mente de los
jóvenes cubanos. Para reparar el agravio los estudiantes decidieron sustituir la
corona que depositó el dirigente soviético –que mostraba la hoz y el martillo- por
una corona de flores en forma de bandera cubana.
Esta protesta fue la primera en que un grupo considerable de cubanos se revelaba
públicamente en contra de una actividad programada por los dirigentes de la
revolución y que subrayaba la simpatía de los máximos dirigentes de la revolución
por la Unión Soviética. De nuevo, en esta protesta se encuentra Juanín Pereira.
Los jóvenes estudiantes habían acudido a la cita totalmente desarmados, sin embargo,
la policía comenzó a disparar. Ese día hubo varios heridos y muchos
arrestados.
El descontento entre los estudiantes con el rumbo que tomaba la revolución logra
que un número de ellos sean expulsados de la Universidad. Antes de su expulsión
distribuían entre los universitarios el “periódico” Trinchera, crítico de lo que ya se
detectaba iba a ser una revolución socialista. Juanín era el más entusiasta
distribuidor del Trinchera en la escalinata de la Universidad.
Varios de estos jóvenes conspiradores se ven forzados, por la persecución policial,
a asilarse en la embajada del Perú, de donde salen hacia Miami. En esa ciudad, en
septiembre de 1960, fundan el Directorio Revolucionario Estudiantil y se
comprometen a regresar clandestinamente a Cuba para iniciar la lucha contra la
ingente tiranía y la traición de Fidel Castro. Juanín Pereira, que nunca salió de
Cuba fue de los primeros en unirse al grupo cooperando con Juan Manuel Salvat
en la Secretaría de Propaganda.
Los planes del Directorio incluían un alzamiento en la Sierra Maestra, alzamiento
que fracasa y su principal dirigente, Alberto Muller, es capturado y llevado a la
cárcel de Boniato donde sufre un simulacro de fusilamiento y sufriría prisión por
muchos años. Mientras esto sucedía aconteció también el descalabro de la
expedición de Playa Girón; los fusilamientos de Alberto Tapia Ruano, Virgilio
Campanería y otros y la detención de un gran número de miembros del Directorio.
Así las cosas, Juanín, con un valor increíble visita a Alberto Muller en la prisión de
Boniato y se encarga de la dirección general del Directorio, “con carácter
temporal”, decía él, hasta que regresaran clandestinamente a Cuba, Julito
Hernández Rojo y Juan Manuel Salvat.
Juanín se dio a la tarea de reorganizar el Directorio en toda la isla, nombrando
responsables en las provincias y dando instrucciones de esperar a que se produjera
la infiltración – o sea, el regreso- de los dirigentes que estaban en el extranjero.
Es de notar que como dijimos al principio, los padres de Juanín, Juan y Aurelia
eran inmigrantes españoles, sin embargo, habían imbuido en su único hijo el amor
a Dios y el amor a Cuba. Y sabiendo que corría peligro diariamente -pues se
ausentaba de la casa frecuentemente sin poder dar muchas explicaciones- jamás le
recriminaron por sus labores clandestinas.
En estos trajines llega el 16 de diciembre de 1961; los miembros del Directorio
dentro de la isla habían acordado con los de afuera el lugar y la hora de la salida
clandestina de uno del grupo -por estar en peligro de ser capturado- y la infiltración
de dos que venían de Miami para seguir luchando dentro de Cuba, esos dos eran
Juan Manuel Salvat y a Julito Hernández Rojo, la fecha señalada era la madrugada
del 17 de diciembre. La embarcación con los infiltrados esperaría la señal para
acercarse a la costa, señal que sería enviada desde la playa “Nombre de Dios”,
cerca del puertecito de Santa Lucía en la costa norte de Pinar del Río.
Se había acordado que quién iría al mando del grupo que saldría de La Habana no
fuera Juanín Pereira. Pero Juanín creyó que era su responsabilidad como Secretario
General del Directorio, ponerse él en la primera línea del peligro.
Tarde en la noche del 16, salieron en un jeep militar que era manejado por un
oficial del Ejército Rebelde del que se decía era de absoluta confianza. En el
camino pararon dos veces, después cambiaron a un camión del organismo estatal
Viviendas Campesinas y poco después recogieron a un campesino que les serviría
de guía.
Se bajaron en el lugar designado para esperar la hora convenida y salir por un canal
hacia la playa al encuentro de los que venían. Eran 5 los que componían el grupo
en esos momentos; el chofer del camión y otro más se habían alejado para esperar
a las 6 de la mañana en que regresarían a recoger a los infiltrados Salvat y
Hernández Rojo, junto con el resto del grupo. Los que esperaban en el lugar tenían
solamente una pistola y un fusil M-1 y se turnaron para hacer guardias.
En el momento en que Juanín hacia la guardia se oyeron ruidos en las malezas y un
intenso tiroteo, al final, Juanín estaba muerto de un tiro en la frente y dos en el
pecho. Los demás fueron hechos prisioneros.
Se dice que Juanín estaba escondido detrás de un árbol y al sentirse rodeado,
siendo él quien portaba el rifle salió al frente y comenzó a disparar para proteger a
sus compañeros.La tiranía negó información sobre el hecho por varios días a pesar que los padres
hicieron muchísimas gestiones para saber si su hijo había sido muerto y en ese caso
recuperar el cadáver. Sin embargo, los esbirros castristas ya lo habían enterrado.
Cuando su madre finalmente lo supo le dijo al Padre Llorente: ¡No sabían que
mataban un santo! Sus restos fueron llevados al cementerio de Colón en La
Habana donde descansan junto a los de sus padres que murieron en 1993 y 1995.
Al cumplirse el 50 aniversario de su muerte, se celebró una misa por su eterno
descanso en Miami a la que asistieron numerosos amigos y ex compañeros
sobrevivientes de aquellas luchas.Después del acto religioso, aquellos que le conocieron en vida, que conspiraron
con él o simplemente aquellos que quisieron honrarlo en ese día, se reunieron para
compartir testimonios sobre la vida de este joven.
Todos los testimonios coincidían en las cualidades de Juanín Pereira como hombre
joven comprometido con Dios y con la patria. Allí se dijo de él que era “muy
alegre, buen deportista, buen estudiante, líder natural, un caballero, un hombre
sencillo, lleno de vida, de sonora carcajada, un niño grande, bondadoso, buena
gente, siempre entregado a los demás, amigo, hermano, confidente, alma noble y
transparente”.
El historiador Enrique Ros en su libro “El Clandestinaje y la Lucha Armada contra
Castro” escribió: “Todos los que le conocieron lo recuerdan como una de las
figuras más nobles y buenas del proceso contra Castro”.
Albero Muller lo recuerda como “un hombre de infinita bondad”.
Durante la homilía de la misa del primer aniversario de su muerte en 1962. el
Padre Amando Llorente, asesor de la Agrupación Católica Universitaria y quien lo
conoció muy bien, dijo que: “la sangre de Juanín es la más pura que se ha vertido
nunca en Cuba”.
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