CUBA: ¿HACIA DÓNDE VAMOS?

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  FOTO DE ARCHIVO – Néstor Carbonell Cortina

Cuba está al borde del colapso. Los apagones, la miseria y el sufrimiento forman parte de la  vida cotidiana. Sin embargo, acontecimientos recientes ofrecen esperanzas de libertad para la isla  cautiva, pero insumisa.

El Presidente Trump impulsó el proceso de liberación en diciembre de 2025 al invocar la Doctrina Monroe, reafirmando esencialmente la preeminencia de Estados Unidos en el Hemisferio Occidental. Luego, en enero, declaró un estado de  emergencia nacional para imponer, mediante aranceles punitivos, un bloqueo petrolero contra Cuba por su “alianza con potencias hostiles y actores malignos” y por “albergar fuerzas militares y de inteligencia en la isla”.

Asimismo, le confió a su altamente calificado y respetado Secretario de Estado, Marco Rubio, la misión de desarrollar e implementar un plan integral para la liberación de Cuba.

Los comentarios recientes de Trump sobre Cuba nos indican cómo está viendo la situación.  Dijo él que Cuba es un Estado fallido, a punto de caer. Señaló que se están llevando a cabo negociaciones con funcionarios cubanos de alto nivel —principalmente familiares o representantes de Raúl Castro. Añadió que ellos parecen estar en disposición de llegar a un acuerdo que le permita a Estados Unidos ejercer gran influencia sobre la transición en Cuba. El tiempo dirá si los hechos concuerdan con esas palabras. Y, en lo que parecen ser concesiones preliminares, el régimen anunció la liberación de 2,010 prisioneros cubanos (no está claro si incluyen a los 1,200 presos políticos), y aprobó reformas económicas que permiten a los exiliados cubanos invertir y poseer negocios en la isla. 

Si bien Cuba, bajo el régimen comunista de los Castro, ha sido un fracaso en casi todo sentido, hay que reconocer que ha logrado subyugar a la nación durante más de 67 años, y embaucar a muchos presidentes de Estados Unidos,  Y en cuanto a quien realmente representa al régimen en la actual negociación, se trata de uno de los hermanos responsables de la tiranía, del terrorismo    y de múltiples crímenes de lesa humanidad. Quizás no haya otra alternativa que Raúl en las actuales circunstancias, pero para alcanzar los objetivos deseados, Washington deberá negociar con firmeza e impedir la permanencia en el poder del déspota, de su familia y de sus secuaces.

Destacados exiliados cubanos, muchos de los cuales abandonaron la isla sin recursos y luego prosperaron en Estados Unidos, están dispuestos a invertir en Cuba y contribuir a su reconstrucción. Pero recordando las duras enseñanzas del pasado, sólo arriesgarán su capital ganado con esfuerzo si la libertad vuelve a imperar en la isla bajo un estado de derecho. El secretario Rubio parece compartir esa condición. “No se puede arreglar la economía”, dijo, “si no se cambia el sistema de gobierno”.

La historia demuestra que los hermanos Castro se han valido de reformas económicas revocables  para obtener concesiones de Estados Unidos y prolongar su tiranía, mientras se enriquecen ellos, sus familias y sicarios.  Tras el colapso de la Unión Soviética y la pérdida de su principal fuente de ingresos y subsidios en 1991, Fidel Castro dolarizó la economía e introdujo algunas reformas  de mercado. Les permitió a empresas agrícolas estatales crear cooperativas, les otorgó licencias a negocios por cuenta propia, e invitó a grandes corporaciones internacionales a invertir en Cuba. Pero la aparente apertura económica fue breve. Renuente a permitir que el capitalismo socavara su régimen, Fidel Castro pronto restableció rígidos controles estatales.

Luego, en 2015, el presidente Obama decidió llegar a un entendimiento con Cuba ofreciéndole incentivos y financiamiento al régimen bajo Raúl, considerado más pragmático que Fidel. Obama restableció relaciones diplomáticas, eliminó a Cuba de la lista de estados patrocinadores del terrorismo, intercambió prisioneros políticos y flexibilizó las restricciones a las inversiones estadounidenses y empresas mixtas  en Cuba. Se esperaba que estas concesiones impulsaran la expansión del sector privado y, eventualmente, liberalizaran el régimen. Esta ilusión fue rápidamente tronchada por Raúl Castro. Ante el Séptimo Congreso Comunista, afirmó: “No somos ingenuos”, y añadió que “fuerzas externas poderosas” esperaban “crear agentes de cambio para ponerle fin a la revolución”.

Esperemos que quienes tratan hoy de negociar la libertad de Cuba no dependan de supuestas reformas fácilmente reversibles para abrir la economía y aliviar la penuria del pueblo cubano.

Si bien la crisis humanitaria en Cuba es una gravísima tragedia que hay que resolver cuanto antes, ella no es la única razón urgente para erradicar la tiranía totalitaria. Existe también la necesidad imperiosa de contrarrestar la amenaza real del régimen a la seguridad de Estados Unidos y de las Américas, en connivencia con China, Rusia, Irán y organizaciones narcoterroristas. Dicha alianza no es un simple consorcio competitivo, sino un eje de fuerzas agresivas y malignas a sólo 90 millas de nuestra costa.

Según informó en diciembre de 2024 el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS), China opera actualmente cuatro bases de espionaje electrónico en Cuba capaces de recopilar inteligencia de señales (SIGINT) sobre la costa sureste de Estados Unidos, una zona repleta de bases militares, centros de mando de combate, instalaciones de lanzamiento espacial y áreas de pruebas militares. También pueden monitorear movimientos navales en el Atlántico y el Golfo de México. La mayor de estas bases, en Bejucal, cerca de La Habana, cuenta con tecnología para interceptar y potencialmente interferir comunicaciones satelitales estadounidenses, transmisiones militares y datos de lanzamientos espaciales.

Además, la Policía Armada de China (PAP), que ayudó a sofocar las protestas de Hong Kong en 2019, entrenó a la Brigada Nacional Especial de Cuba, o “Boinas Negras”, para reprimir el levantamiento cívico del 11 de julio de 2021 en toda la isla. Estas fuerzas ahora intentan liquidar las crecientes protestas en Cuba, que Estados Unidos deberían apoyar con inteligencia, recursos y acceso a Starlink.

Cuba también figura entre las prioridades geoestratégicas de Vladimir Putin, junto con Nicaragua y Venezuela. Según informes confiables, las Fuerzas de Defensa Aeroespacial de Rusia operan en estos países estaciones terrestres de doble uso del sistema GLONASS (Sistema Global de Navegación por Satélite), utilizadas para  recopilar inteligencia y monitorear operaciones militares estadounidenses. La estación en Cuba está ubicada en el Instituto de Astronomía Aplicada en La Habana.

Mientras tanto, el régimen cubano continúa compartiendo con China y Rusia información clasificada de inteligencia y militar de Washington, como la que obtuvo durante muchos años gracias a dos de los espías más perjudiciales de Estados Unidos: Ana Belén Montes y el embajador Víctor Manuel Rocha,  Cuba también apoya la guerra de Rusia en Ucrania, facilitando el reclutamiento de unos 15.000 cubanos para luchar allí a favor de Moscú.

Todos estos factores demandan una estrategia bien integrada para llevar a cabo la liberación de Cuba con el respaldo del Congreso, el apoyo del sistema interamericano (OEA), y la  participación democrática cubana. El liderazgo estadounidense, que algunos llaman América Primero, es esencial, pero no debe ser América A Solas, porque es muy probable que se requieran  acciones colectivas —diplomáticas, económicas y militares— bajo el Tratado de Río de Janeiro para alcanzar nuestro objetivo en Cuba.

Los próximos pasos que dé Estados Unidos serán cruciales. A continuación van algunas ideas sobre las tres fases clave de la estrategia y sus respectivos fundamentos legales.

FASE I – Comprometernos con la libertad de Cuba y con la seguridad de Estados Unidos y las Américas.
Dado que las negociaciones actuales, por si solas, quizás no logren la liberación de Cuba y la retirada de las potencias enemigas de la isla, la administración de Trump debería aplicar la Resolución Conjunta del Congreso (Ley 87-733), firmada por el presidente Kennedy el 3 de octubre de 1962, justo antes de la Crisis de los Misiles. Esta establece, en parte:

Estados Unidos está decidido a:
a) impedir por cualquier medio necesario que el régimen marxista-leninista en Cuba extienda sus actividades agresivas o subversivas a cualquier parte del hemisferio;
b) prevenir en Cuba la creación o el uso de cualquier capacidad militar apoyada externamente que ponga en peligro la seguridad de Estados Unidos; y
c) trabajar con la OEA y con cubanos amantes de la libertad para apoyar las aspiraciones del pueblo cubano de autodeterminación.

FASE II – No suspender o levantar el embargo estadounidense hasta que se cumplan las condiciones prescritas en la Ley.
Según la Ley LIBERTAD de 1996 (Ley Helms-Burton), Estados Unidos no puede suspender o levantar el embargo a menos que el gobierno cubano cumpla ciertas condiciones, entre ellas la liberación de todos los presos políticos, el respeto de los derechos humanos, la legalización de la actividad política, la disolución del aparato represivo de seguridad del Estado, la resolución de reclamaciones estadounidenses por propiedades confiscadas y el compromiso con elecciones libres, entre otras.

FASE III – Establecer las instituciones cubanas necesarias para la paz, la libertad y la seguridad.
La transición hacia una Cuba libre y democrática debe comenzar con un gobierno provisional de unidad nacional, excluyendo a la familia Castro y a funcionarios con antecedentes criminales, que se rija por una nueva Constitución con todas las garantías necesarias. Los cubanos no tendrían que improvisar, ya que pueden, y deben, restablecer las partes aplicables de su legítima Constitución de 1940, que fue el eje de la lucha contra Batista y Castro. Bajo esa Constitución, el gobierno provisional desmantelaría el aparato totalitario, iniciaría la privatización y el resurgimiento de la economía con capital y tecnología extranjeros, promovería la regeneración moral del país,  y sentaría las bases de  una nueva era con elecciones libres y un estado de derecho.

Si avanzamos con prudencia, determinación inquebrantable y justicia, podremos liberar a Cuba y restaurar la paz y la seguridad en este hemisferio. No perdamos esta gran oportunidad. ¡Fe y Adelante!

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