La inmortalidad del bolero.

publicado en: Culturales | 0

José Sánchez, humilde sastre santiaguero, autor del primer bolero

Por:  Manuel Díaz

Sobre los orígenes del bolero existen diversas teorías. Algunos musicólogos se inclinan por las que señalan a Europa como la cuna del género y lo asocian (por la instrumentación de sus formas: guitarras y percusión) a la música gitana. Quizás es por eso por lo que a veces escuchamos decir que el bolero es español. Lo cierto es que, aunque sus orígenes sean europeos, se acepta que el bolero (tal como se le conoce, con sus dos períodos de 16 compases de 2×4 y separados por un pasaje instrumental) nació en Cuba y se le atribuye a José Sánchez, un humilde sastre santiaguero, haber compuesto “Tristeza”, el primero de ellos.
Lo demás es, como se dice, historia. Con el tiempo, el bolero se internacionalizó y pasó a México y
Puerto Rico, donde compositores como Agustín Lara y Rafael Hernández lo hicieron suyo y le dieron, a
través de la radio, el cine y las grabaciones, un impulso continental. Otros compositores e intérpretes
lo continuaron. La lista es interminable y prestigiosa y en ella es necesario incluir a los cubanos que por
derecho propio pertenecen a la misma: Isolina Carrillo, Cesar Portillo de la Luz, José Antonio
Méndez, Frank Domínguez, Osvaldo Farrés, Pedro Junco, Olga Guillot, Albuerne, Orlando Vallejo y
Benny Moré, por solo citar algunos.
Pero si sus orígenes pueden haber sido motivo de debate entre algunos historiadores de la música, lo
que nunca ha sido puesto en duda es su permanencia en el gusto del público. Durante más de sesenta años, con algunas altas y bajas (las baladas de la década prodigiosa, con su moderna carga de romanticismo, ocuparon su lugar por un tiempo), el bolero se ha mantenido como una corriente musical indestructible.
Los nuevos ritmos llegan, crecen y terminan por agotarse a sí mismos. Pero el bolero, con sus historias
de encuentros y desencuentros, sigue ahí, resumiendo en dos estrofas de poéticas letras lo que podría haber sido una novela de amor.
Ese poder de síntesis hizo que García Márquez dijera en una ocasión: «El bolero logra expresar en cuatro o seis líneas toda una historia; una verdadera proeza literaria». Y agregó: «Un bolero puede hacer que los
enamorados se quieran más; y eso me basta para querer escribir uno».
Consideraciones literarias aparte, una prueba de que el bolero es eterno es el hecho de que la mayoría de
los cantantes, en algún momento de sus carreras, lo han grabado. No importa si son baladistas o salseros.
Los ejemplos son numerosos: Rafael, Ana Gabriel, Dyango, Isabel Pantoja, Gilberto Santa Rosa, Guadalupe Pineda, Juan Gabriel, Marc Anthony, Alejandro Fernández y Celia Cruz, quien siempre quiso grabar un disco de boleros y sólo pudo hacerlo, por culpa de la negativa de sus productores, casi al
final de su vida.
Pero lo que realmente demuestra la inmortalidad del bolero es que todavía grandes estrellas de la música
internacional que ni siquiera hablan español los graban, como Andrea Bocelli y Natalie Cole, cuyos
más recientes compactos incluían algunos de compositores cubanos: “Contigo en la distancia”, de
Cesar Portillo de la Luz y “Quizás, quizás, quizás”, de Osvaldo Farrés.
Más de un siglo después de “Tristeza”, el bolero sigue, entre el amor y el desamor, más vigente que
nunca. Y es probable que así sea por siempre: eso se llama inmortalidad. Y todo gracias al cubano José
Sánchez, compositor del primer bolero de la historia.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *