Carta pública desde Cuba dirigida a Díaz-Canel, de uno de nuestros numerosos lectores de Trinchera en la isla.

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febrero 01, 2026 – Redacción de Trinchera

«Al señor Miguel Díaz, presidente de Cuba. Le escribo desde un país que no existe como lo conocimos, aunque siga apareciendo en los mapas. Hubo un tiempo en que los 31 de diciembre en Cuba no necesitaban discursos ni consignas. Bastaba una mesa grande, sillas, platos compartidos, risas apretadas. Bastaba la familia. Bastaba esa esperanza sencilla que no pedia permiso para existir. Ese país, señor presidente también era Cuba.

Hoy esa mesa está rota. No por el paso del tiempo, sino por el peso de sus decisiones y por la continuidad de un sistema que usted administra y defiende. Faltan los que se fueron. Faltan los que murieron esperando. Faltan los que envejecieron con la vida en pausa. Faltan los que ya no pueden más. Falta la comida, falta la luz, falta la alegría. Falta el futuro. Falta el país.

¿Sabe usted lo que es crecer viendo cómo cada año desaparece algo -o alguien- que amabas? ¿Sabe lo que es explicarle a un hijo que la normalidad es la escasez? ¿Que la resignación no es virtud sino derrota?

¿Que un pueblo cansado no es un pueblo digno: es un pueblo exhausto. Ustedes nos enseñaron a sobrevivir, pero nos robaron la posibilidad de vivir.

Nos hablaron de sacrificios, mientras se acostumbraban al poder.. Nos pidieron paciencia mientras al país se desmoronaba. Nos exigieron silencio, cuando lo que necesitábamos era verdad.

¿Qué hicieron con aquellos abrazos de fin de año? ¿En que oficina se quedaron los brindis? ¿Quién decidió que la tristeza sería permanente y que la esperanza se castigaría como un delito?

No es el «bloqueo» lo que vacía las mesas: es la incompetencia sostenida y la mentira convertida en método.

No es el «enemigo externo» lo que rompe las familias: es la falta de libertad y la vigilancia como forma de gobierno. No es el destino lo que empuja a millones a irse: es el miedo a hablar, el miedo a vivir sin salida.

Cuba no está simplemente empobrecida: está secuestrada. Y un país secuestrado no puedo celebrar; apenas puede resistir.

Le escribo no desde el odio, sino desde el cansancio.. No desde la rabia ciega, sino desde la memoria. Desde la certeza de que ningún poder es eterno.

Por eso hoy no le pido reformas, ni promesas, ni discursos nuevos. No le pido que arregle lo que ya destruyó. No le pido que «rectifique» lo que lleva décadas justificando.

Le pido algo mucho más simple y mucho más urgente: VÁYANSE.

Váyanse y devuélvanos el país que ustedes arruinaron. Váyanse y dejen de decidir por millones que solo quieren vivir con dignidad. Váyanse y permítanos reconstruir la casa común sin miedo.

Déjennos volver a sentarnos en una mesa sin apagones, sin hambre, sin vigilancia y sin consignas.

Déjennos llorar a nuestros muertos en paz y abrazar a los vivos sin despedidas. Déjennos ser felices sin pedir permiso. Eso es todo lo que deseo para Cuba este 2026.

Con profundo desafecto hacia usted y su gobierno.

Omitimos el nombre por pudor, pero será distribuido en la correspondencia que sostenemos con todas las instancia de los organismos de Derechos Humanos relacionadas con la situación de Cuba.

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