
Foto de Archivo – Niños en hospitales
diciembre 30, 2025 – OBSERVATORIO CUBANO DE AUDITORÍA CIUDADANA
Resumen Ejecutivo
1- La evidencia expuesta a lo largo de este informe permite afirmar, sin ambigüedades, que el colapso del sistema sanitario cubano no obedece a un destino inevitable ni a factores externos, contingencias epidemiológicas excepcionales o eventos climáticos adversos. Es, por el contrario, la consecuencia directa de decisiones políticas nacionales sostenidas en el tiempo, que han desmantelado progresivamente las capacidades esenciales del Estado para proteger la salud y la vida de su población.
2- El colapso del sistema de salud, la inseguridad alimentaria estructural, la degradación ambiental, la opacidad estadística para ocultar la magnitud de la catástrofe humanitaria y la priorización de intereses económicos de una elite por encima del bienestar humano básico de la población, configuran un escenario de daño evitable, conocido y persistente.
3- La evidencia muestra un incumplimiento sistemático de esa responsabilidad de protección de la población. Del estado populista asistencialista se transitó en el siglo XXI al estado extractivo oligárquico. Desde entonces, el Estado cubano, totalitario y oligárquico, no solo ha sido incapaz de garantizar el derecho a la salud, la alimentación y un entorno sano, sino que ha cesado de interesarse por cumplir ese principio. Ha mantenido deliberadamente un modelo que reproduce la vulnerabilidad: desinversión crónica en salud pública, exportación masiva de personal médico, abandono de la infraestructura sanitaria y ambiental, y manipulación de la información epidemiológica para minimizar el costo político del desastre.
4- La actual sindemia de arbovirosis —es decir, la concurrencia y potenciación simultánea de varias enfermedades transmitidas por mosquitos, como el dengue, el zika o el chikungunya, en un contexto de deterioro social y sanitario—, con su carga de muertes evitables, discapacidades y sufrimiento social, constituye la expresión más visible y contundente de ese fracaso.
5- La negativa a reconocer la magnitud real de la crisis y a permitir mecanismos independientes de evaluación y cooperación refuerza la dimensión política del daño. Se ha reconocido que al menos el 30% de la población (unos 3 millones de cubanos en una auditoria ciudadana ha estimado las defunciones basadas en esos datos oficiales, así como en parámetros internacionales. El resultado de ese cálculo, usando premisas moderadas, arroja que la cifra de defunciones alcanzaría como mínimo 8,700 fallecidos. Eso muestra que el estado ha mentido nuevamente (ya lo hizo con la epidemia de Covid) al afirmar que solo han ocurrido 47 defunciones hasta mediados de diciembre. La realidad sería, como mínimo, 185 veces mayor.
6- La responsabilidad del estado hacia la protección de la población no se limita a evitar la violencia directa, incluye también la obligación de no someter a la población a condiciones estructurales que destruyen de forma deliberada y progresiva la vida, la salud y la dignidad humana. Mantener a millones de personas en un estado de malnutrición, indefensión sanitaria y exposición a riesgos epidemiológicos constituye, en sí mismo, una brutal forma de violencia estructural ejercida desde el poder.
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Introducción
Es una enfermedad traumática, deprimente, invalidante. Las personas salen a la calle como zombis.
Cubano convaleciente de chikungunya
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El año 2026 encuentra a Cuba en una encrucijada crítica: mientras el régimen celebra la efeméride del centenario de Fidel Castro y los 67 años del triunfo de la Revolución, la población enfrenta una realidad marcada por la enfermedad, el hambre y los apagones. El 9 de diciembre, el periódico Granma calificó como «explosiva» la epidemia de chikungunya que azota al país,1 un eufemismo que oculta la verdadera magnitud de una crisis epidemiológica que combina nueve virus diferentes más enfermedades diarreicas y hepatitis,2 ha enfermado al menos a tres millones de cubanos, ha provocado numerosas muertes y ha dejado a muchos en un estado prolongado de invalidez.
El Boletín Factográfico de noviembre de 2025, emitido por la Biblioteca Médica Nacional 3, reconoce la confluencia simultánea de dengue, chikungunya y oropouche, una triple epidemia que satura la ya debilitada red hospitalaria y compromete la capacidad de atención del sistema sanitario.
Lejos de ser un evento aislado, esta crisis de la salud pública constituye la manifestación visible de un deterioro mucho más profundo. El sistema de salud cubano —antiguamente presentado como un logro de la Revolución— se encuentra afectado por fallas en infraestructura, abastecimiento de recursos, personal médico y transparencia estadística. Estas deficiencias evidencian el colapso progresivo del modelo de gobernanza y del entramado institucional que sostiene la vida nacional.
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En este informe, primero se realizará un análisis integral del sistema de salud cubano para demostrar, con datos verificables, su estado de colapso operativo y funcional. Posteriormente, a partir de entrevistas con profesionales de la salud y pacientes, se mostrará cómo la crisis epidemiológica actual no es un accidente ni un episodio aislado, sino la expresión más visible de un colapso sistémico general, cuyas raíces son políticas, económicas e institucionales. Sólo articulando ambas dimensiones —la sistémica y las experiencias humanas— es posible comprender la verdadera magnitud del catastrófico desastre sanitario que atraviesa Cuba.
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M: El niño comenzó con dolor abdominal más o menos dos semanas después de haber tenido el virus ese que todo el mundo. Yo no lo había llevado al médico cuando empezó con las fiebres, que fueron de 39º y 40º, y los dolores articulares porque en la casa todos habíamos pasado la enfermedad, así que no tenía mucho sentido llevarlo.
P: ¿Por qué no tenía sentido llevarlo?
M: En el policlínico nunca hay médico. Pero suponiendo que hubiera, no tienen reactivos para hacer análisis y las recetas que puedan hacer no sirven para nada porque los medicamentos hay que comprarlos en el mercado negro. Entonces, ¿para qué iba a ir? ¿Para qué me dijera lo que yo ya sabía? Por eso no tenía sentido llevarlo en ese primer momento.
P: ¿Y después?
M: Después sí, tenía un dolor abdominal que le daba y se le quitaba. Era líquido en el abdomen, escaso, pero ahí estaba. También tuvo amigdalitis. El médico dice que puede ser que hubiera tenido dengue también, porque el chicungunya no da eso. Pero al final, en la concreta, no saben porque no tienen medios para saberlo. Bastante hacen, los pobres.
Fragmento de entrevista a una madre, cuya identidad se ha protegido
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*** Diagnóstico integral del sistema de salud
Los hospitales y centros de salud cubanos exhiben hoy un estado de abandono generalizado. Imágenes recientes de unidades asistenciales en Bayamo muestran a pacientes recostados en el suelo, camillas improvisadas y equipos corroídos por la falta de mantenimiento. 4 Médicos de diversas provincias relatan la ausencia de recursos esenciales (ventiladores, máquinas de rayos X, tomógrafos, suministro estable de oxígeno y soluciones intravenosas) junto a condiciones higiénicas que ponen en riesgo a pacientes y trabajadores: baños sin agua, cortes eléctricos continuos y áreas sin capacidad para garantizar una mínima asepsia.
A estas deficiencias se suma el desabastecimiento crónico de insumos médicos básicos, como papel de ECG, guantes quirúrgicos, jeringas, agujas y kits de laboratorio. La escasez obliga al reciclaje de implementos desechables y desplaza la responsabilidad hacia los pacientes, que deben adquirir medicamentos y materiales en el mercado informal.
Los propios datos oficiales ilustran la magnitud de este colapso. El Reporte de Medicamentos en Falta de BioCubaFarma5 —publicado hasta enero de 2025— revelaba que de los 395 fármacos que la empresa debía suministrar al Sistema Nacional de Salud, 255 estaban en falta, un 64,56 % del total. Tras ese mes, la empresa dejó de publicar actualizaciones, con lo que profundiza la opacidad sobre un desabastecimiento que, según profesionales entrevistados, no ha dejado de agravarse (Graf .1).
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Graf. 1: Reportes de medicamentos en falta (Enero 2022 – 2025)
Fuente: BioCubaFarmaco
Médicos consultados para esta investigación confirman la carencia de soluciones intravenosas, antieméticos, antipiréticos (incluida la dipirona) y sales de rehidratación oral. En farmacias, explican, no ingresan jarabes pediátricos desde hace años, lo que obliga a las familias a acudir a vendedores informales para adquirir incluso medicamentos de uso hospitalario a precios cuyo incremento es exponencial. Paralelamente, la falta de reactivos de laboratorio —PCR, IgM, monosueros— impide diferenciar clínicamente entre arbovirosis6, lo que obliga a diagnósticos clínicos bajo la categoría de «síndrome febril inespecífico».
Las precariedades descritas no sorprenden a la luz de la estructura de inversión del Estado cubano. Durante la última década, salud pública y asistencia social apenas han recibido como promedio el 2 % del total de inversiones nacionales, mientras que la ciencia y la innovación tecnológica han recibido solo el 0,78 %. En contraste, el sector turístico —bajo control del conglomerado militar GAESA— ha absorbido un promedio del 31,36 % de todas las inversiones, lo cual evidencia una matriz de prioridades estatales que coloca al sistema sanitario en un lugar claramente secundario (Graf. 2).
Gráf. 2: Inversiones públicas por actividad económica
(Expresado en %)
Fuente: ONEI
Servicios empresariales, actividades inmobiliarias y de alquiler
Ciencia e Innovación Tecnológica
Salud pública y asistencia social
Por otra parte, la carencia de personal facultativo es una cuestión alarmante. El tradicional programa de médicos de familia, pilar del sistema, se ha erosionado severamente. Según datos de la ONEI, la cantidad de médicos se redujo en 2024 respecto al año anterior en 5.399, aunque más dramático resulta si se compara con 2021, donde la reducción fue de 30.767.
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Por otro lado, en 2024 se contabilizaron 12.912 médicos de la familia, 14.623 menos que en 2023. En cuanto al personal de enfermería, los 71.948 activos disponibles en 2024 representan una disminución de 15.035 respecto a 2021 (Graf. 3).
Graf. 3: Personal médico y de enfermería
Fuente: ONEI
El personal de salud sufre condiciones laborales extremas. Las bajas remuneraciones, la alta presión asistencial y la falta de recursos han motivado la emigración masiva y el agotamiento de médicos y enfermeros. La escasez de personal obliga a los médicos a realizar múltiples tareas (enfermería, camilleros, etc.), aumentando el agotamiento laboral. Muchos profesionales emigran a otros países o cambian de ocupación, lo que agrava el déficit interno. A pesar de ello, el gobierno sigue destinando miles de médicos a misiones en el extranjero generando divisas a costa de vacíos estructurales en el sistema nacional.
Otra dimensión crítica del derrumbe se observa en la disponibilidad de camas. Comparando 2019, año prepandémico, con 2024, el sistema perdió 7.144 camas en total: 2.812 en hospitales generales, 1.938 en hospitales clínico-quirúrgicos, 857 en hospitales pediátricos, además de las
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Es posible agregar otra capa de datos al análisis a partir de las cifras de ingresos por unidades de servicio. Nuevamente se tomará el período comprendido entre los años 2019 y 2024. La cantidad total de ingresos se redujo en 704 532, ¡un 43.08 % en solo cinco años! En cuanto a los ingresos hospitalarios —independientemente del tipo de centro (general, clínico quirúrgico, etc.)— la reducción fue de 567 718, un 40.53 %. Por su parte, en los policlínicos se pasó de 150 081 ingresos en 2019 a 39 369 en 2024, lo que representa una contracción del 73.77 %.
Los datos analizados permiten afirmar que el sistema de salud cubano atraviesa un colapso que antecede y condiciona el estallido de la actual crisis epidemiológica. La reducción drástica de camas, personal facultativo, insumos médicos y medicamentos esenciales, sumada a la precarización física de los hospitales y a la ausencia de inversión estatal, conforma un escenario donde cualquier brote viral habría generado tensiones severas. Que este brote haya adquirido dimensiones tan masivas responde directamente a este derrumbe sistémico.
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Asimismo, la incapacidad del Estado para sostener servicios básicos como la recogida de basura, el control de vectores y la disponibilidad de alimentos —especialmente proteínas y micronutrientes— ha creado condiciones ideales para la expansión de las arbovirosis. En otras palabras, la epidemia no solo se expandió por la presencia del virus, sino porque encontró un sistema sanitario devastado y un entorno social y ambiental profundamente deteriorado.
Los elementos ambientales y nutricionales que potencian esta vulnerabilidad —especialmente la basura, la insalubridad y la inseguridad alimentaria— se desarrollarán con mayor detalle en el próximo epígrafe.
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Las enfermedades transmisibles son multicausales: lo primero que se necesita es que exista la enfermedad. En el caso nuestro, la trajo una persona procedente de otro país. Lo segundo es que esté presente el agente transmisor y aquí el mosquito está por todas partes. Lo tercero es haya un huésped susceptible y esos somos todos los cubanos. Influyen en la extensión y gravedad del brote varios elementos: el hecho de que sea una enfermedad relativamente nueva en Cuba, para la cual no tenemos anticuerpos desarrollados; las condiciones higiénico-sanitarias del país que hacen que el vector esté muy presente; la situación general en la que vive la gente, sometida a estrés por diversas causas y malnutrida. Con una población débil, un sistema de salud quebrado y todos los factores ambientales para la propagación, la epidemia está servida.
Fragmento de entrevista a un especialista en epidemiologia residente en Cuba ***
Contexto sanitario, nutricional y ambiental precario
La actual sindemia7 de arbovirosis en Cuba, con brotes simultáneos de dengue, chikungunya y oropuche, se produce en un entorno marcado por profundas deficiencias estructurales. En
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las calles de La Habana (y en otras provincias) se acumula basura sin recoger. Como documentó hace algunos meses el Observatorio Cubano de Auditoría Ciudadana, «la basura que no es recogida genera la presencia de roedores, mosquitos y otros insectos, portadores de enfermedades como el dengue y la leptospirosis, las cuales resultan muy peligrosas para la salud».8
Según el informe, cuyos datos se circunscriben sobre todo a la capital, en la urbe se acumulan diariamente algo más de 7,600 m3 de basura en espacios públicos cercanos a las viviendas y centros que los generaron. Esto es el equivalente a algo más de 3 piscinas olímpicas de basura por día. Como promedio, se recoge solo el 68% de la basura, mientras el resto permanece en las calles creando focos de infección y hasta incendios urbanos por la producción de gas metano.
En plena epidemia, medios independientes y profesionales de la salud denuncian que la isla está «llena de basureros en las calles, charcos de agua estancada, zanjas y criaderos de todo tipo, sin que las autoridades parezcan capaces de eliminarlos». 9 Aunque el gobierno lanzó campañas oficiales de fumigación y eliminación de criaderos tras el foco inicial en Matanzas,10 en la práctica las brigadas antimosquitos operan sin recursos ni personal suficiente.
Un especialista en epidemiología que tuvo contacto con la población donde se originó la epidemia, en el Central España Republicana de la provincia de Matanzas, señala que «no se fumiga hace muchísimo tiempo, porque no hay con qué ni quién lo haga». Explica además en entrevista para esta investigación, que los equipos de vigilancia vectorial están desmantelados debido a que deben trabajar con salarios bajísimos, sin insumos ni medios para transportarse. En suma, aseguró el especialista, «el virus se extendió porque encontró el ambiente propicio para ello: focos de mosquitos en todas partes, muy deficiente control de vectores y prácticamente cero medidas para eliminarlos, además de una población absolutamente depauperada».
Además del colapso del sistema sanitario, la crisis epidemiológica se superpone a la crisis energética. Esta combinación de crisis ha dejado a la población sin redes mínimas de protección. Uno de los médicos entrevistados para esta investigación, afirma: «el estrés afecta directamente el sistema inmunológico y en Cuba la mayor parte de la población está inmunodeprimida por varias razones, pero sobre todo por la pésima nutrición y por la exposición a un entorno altamente estresante. Piensa cuánto estrés genera pasar 20 horas de apagón o más cada día, sin saber cómo conservar la poca comida que se ha conseguido. Las enfermedades virales como las que circulan en este momento, que son altamente transmisibles, tienen el entorno adecuado para potenciar los contagios y la evolución a cuadros graves».
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El 18 de octubre, la madre de 81 años de Alexander Hernández se comenzó a sentir mal y se fue a la cama a descansar. Estaba completamente jorobada. La llevaron al hospital y, por su estado físico, el médico dedujo que se trataba de chikungunya. A la semana se descompensó su diabetes, la presión arterial y tenía taquicardias. “La llevamos dos veces al médico, la miraron y solo se limitaron a controlar los signos vitales”, cuenta el hijo. Unos días después, los médicos le dijeron que todo estaba bajo control, que podía regresar a casa. El pasado 5 de noviembre falleció. Hernández pidió que le hicieran una autopsia, pero la doctora se resistió. “Dijo que no, y tampoco insistí porque no había transporte, prácticamente me convenció de que era por gusto”. El acta de defunción de su madre dice que perdió la vida por muerte natural.
Maritza Ricardo Velázquez, enferma también del virus en su casa del municipio Gibara, en Holguín. Hace unos días perdió a su prima, de 42 años y sana, contrario a la versión oficial que apunta a que el virus ataca de peor forma a ancianos enfermos. “Estaba fuerte y con ganas de vivir”, dice. El día que se disponían a llevar a la prima al hospital, la ambulancia no llegó. “Se le empezaron a paralizar los riñones y a regarse el líquido por todo el cuerpo. En la madrugada falleció”. Vive espantada de quién será el próximo.
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