Juan Pablo Roque González se infiltró en la organización en Miami y volvió a la Isla justo antes del ataque

Juan Pablo Roque, durante una entrevista concedida a América TeVé en 2012. / Captura
Cortesía.14ymedio
Madrid/Juan Pablo Roque González, alias Germán, uno de los espías cubanos involucrados en el derribo de las avionetas de Hermanos al Rescate en 1996, ha fallecido en La Habana a los 70 años. Lo confirmó este viernes desde Miami su ex esposa, Ana Margarita Martínez, quien precisó que su deceso ocurrió el 25 de noviembre.
En una entrevista con el periodista cubano residente en Estados Unidos Mario Vallejo la mujer explicó que le dio “un virus, uno de los que anda por Cuba ahora”: lo habían operado de corazón y “estaba delicado”.
“En un giro irónico de la historia, su muerte ocurrió en la misma fecha en que falleció Fidel Castro, el mismo dictador al que él sirvió”, dijo en una publicación posterior Martínez, que siempre ha sostenido que Roque le ocultó su verdadero oficio durante el matrimonio. A ello volvió a referirse en su publicación en redes sociales: “Aunque nuestro matrimonio fue posteriormente anulado en un tribunal, las consecuencias de su engaño fueron profundas y personales. Nunca enfrentó justicia terrenal por sus acciones”.
Martínez afirma que, ante el fallecimiento de su ex esposo, se sintió “en la obligación de abordar un capítulo que dejó una huella profunda en mi vida y en nuestra comunidad cubanoamericana”. Roque González –recuerda su ex mujer– fue miembro de la llamada Red Avispa “y su traición causó un daño inmenso”, no solo a ella y a su familia, “sino también a los valientes voluntarios de Hermanos al Rescate y a todos aquellos que han luchado incansablemente por la libertad, la verdad y la dignidad humana”.
El propio Roque González, teniente coronel de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, fungió como piloto de Hermanos al Rescate, en la que se infiltró tras simular su deserción de la Isla, en 1992, nadando hasta la base naval estadounidense de Guantánamo. Volvió a la Isla justo el día antes del ataque y nunca se enfrentó a la Justicia.
Su historia corrió distinta suerte a la de los cinco espías cubanos condenados en 2001 por EE UU por conspiración para cometer asesinatos y espionaje, además de ser agentes no registrados de un Gobierno extranjero. Detenidos en 1998 en Florida cuando realizaban labores de inteligencia para La Habana, el régimen desplegó una intensa y costosa campaña de propaganda por su liberación, elevándolos a la categoría de héroes.
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